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MÚSICA,

Gustavo Almeida: “Soy alguien sereno y tranquilo y cuando no lo soy, no me gusto”

5 marzo, 2020

El cantante brasileño, que abandonó el fútbol por su carrera en la música, presentará el sábado en La Sala su nuevo trabajo, “Vértice”, dentro de una gira en acústico durante la que, aparte, ha sido reclamado para compartir escenario con Vanesa Martín o India Martínez.

Por Ricardo Castillejo

Va caminando despacito pero seguro, introduciéndose en nuestras vidas con la misma suavidad que una música que nace del alma sensible de este brasileño, afincado en Galicia, casado y con dos hijos. Lejos queda su etapa como futbolista pues es estar sobre los escenarios lo que, desde hace quince años, le llena la vida. ¿Su próxima cita? Este sábado en La Sala, espacio situado en la Plaza del Pumarejo donde Gustavo Almeida regalará, con su dulce voz, temas como “Fue de repente”, una de sus señas de identidad dentro de una trayectoria en la que ha recibido varias nominaciones a los premios Grammy Latinos.

-Vuelves a Sevilla dentro de una carrera donde has apostado mucho por el contacto muy cercano con el público…

-Siempre he sido así. Nuestro regalo al mundo son nuestras particularidades. Sería de locos que, por más que llegue a más gente -y tuviera más trascendencia-, cambiara mi forma de ser. Creo en el arte de una forma muy natural y luego, si los resultados llegan de forma apabullante, estupendo.

-¿Fue fácil para ti pasar de los estadios de fútbol, de asistencia multitudinaria, a salas muchísimo más reducidas?

-Cuando estás siendo observado, para mí, es lo mismo si tienes delante a uno que si tienes mil. No es por ser soberbio, pero desde mi infancia he tenido la sensación de estar siendo observado. Tal vez es por el hecho de que mi mamá también es cantante, pero es algo que siempre me ha agradado.

“Me encanta subir imágenes de mi vida a las redes, pero eso del “todo por la audiencia”, no. A veces, evito compartir algunos momentos por no sentirme yo mismo y, de hecho, tengo cierto temor al postureo. Solo me llama la atención si es de guasa porque no vale el “todo por el like””

-O sea, que tienes tu punto exhibicionista…

-Todo el que se sube a un escenario lo tiene. Si no, me dedicaría solamente a componer (risas). Dicen que todos tenemos sombras y tenemos que pelear con éstas. Yo trato de controlar mi punto exhibicionista de manera controlada, porque si me dejo llevar soy la alegría o el tonto de la fiesta (risas)… 

-Con las redes sociales es más fácil eso de dejarse llevar y sacar imágenes que lo mismo antes eran más privadas, ¿no?

-Pues fíjate, has tocado un tema que me gusta mucho, sobre todo últimamente que escucho mucho sobre las consecuencias negativas de las redes. Éstas, conmigo, tienen el efecto contrario. Me encanta subir imágenes de mi vida, pero eso del “todo por la audiencia”, no. A veces, evito compartir algunos momentos por no sentirme yo mismo y, de hecho, tengo cierto temor al postureo. Solo me llama la atención si es de guasa porque no vale el “todo por el like”. 

-Tienes una forma de interpretar muy sensible, muy tierna… Incluso tu voz es así, pero ¿corresponde con tu personalidad o es un escape para dejar salir tu interior?

-Corresponde, aunque también tengo mi lado más salvaje. Se veía mucho más en el fútbol y creo que, siendo padre, se refleja porque paso de la ternura más grande al descoloque. De todos modos, en general, soy alguien sereno y tranquilo y cuando no lo soy, no me gusto.

-¿Qué piensan tus hijos de tu música?

-Lo llevan con naturalidad. Son fans de su padre, pero, lo que más me enorgullece, es que son fieles seguidores de la música y están creciendo desarrollando un gran respeto por ella. Son niños que han aprendido a valorarla por el simple hecho, por ejemplo, de escuchar un CD entero. 

-Hablabas del peligro del “todo por el like” pero también está el “todo por el triunfo absoluto”… ¿Venderías “tu alma al diablo” para llegar a más audiencia?

-No, de hecho, sigo aquí porque no lo he hecho. Tengo ahora mi cuarto álbum que, encima, es un disco en formato libro, con más contenido de lo que tenía antes. Cuanto más altas son las barreras, más claro tengo cuál es mi camino y, mi guion en este teatro de la vida es éste que estoy siguiendo: comprobar dónde puede llegar un músico viniendo desde cero, viviendo fuera de un centro a nivel musical-industrial, siendo padre y no haciendo todo por el like… Al final, llevo quince años y aquí sigo.

-¿Tienes alguna espinita?

-Siempre que experimento una emoción muy fuerte con mi música afloran estas espinitas, a las que incluso puedo llamar yagas. Lo que pasa es que las tengo guardadas y trato de no exteriorizarlas con quien pueda no entender. Solo comparto lo bueno, ver el vaso medio lleno. El artista quiere ser valorado y la mente de éste trabaja muy cerca del corazón. Nuestra cabeza procesa, pero el corazón está al lado para mostrar su disgusto ante una situación de rechazo o de dificultad. Apostar por un camino casi artesanal tiene su peaje, su pago, pero lo asumo porque, cuando vivo ciertos instantes especiales, los compensan todo y pienso que estoy aquí para eso.

-Vienes del mundo del fútbol cuyos valores son, por decirlo así, más sanos o más positivos en comparación con el espectáculo, que parece más complicado por zancadillas, competencia más desleal…

-Fíjate, pensaba que te ibas a referir a la parte física y a que la realidad de un futbolista es más sana que la de un músico… Ahí estoy totalmente de acuerdo. Lo demás, es lo contrario. Cuánto más arriba estés -y más en el ojo del huracán-, más te van a llegar, tanto elogios como cuchillos. Quizás sea por mis creencias, por mi educación y porque he recibido, y recibo, un trato generoso y empático -que me permite ser generoso y empático y no entender la música como una competición (y más después de que artistas posicionados, como Vanesa Martín o India Martínez, me inviten a cantar y quieran compartir minutos de sus conciertos conmigo). Me toca mucho que uno que está arriba alumbre con su foco a otros que están más abajo. Seguramente, India o Vanesa han hecho esto conmigo porque, en algún momento, alguien lo hizo con ellas. Tengo una filosofía desde hace tiempo: “Todo lo bueno que me pase, yo voy a hacer lo mismo”. Si recibo algo bueno ahora, automáticamente mi cerebro va a recordar a alguien que necesite lo que sea de mí, aunque sea un mensaje en Facebook o dar un teléfono de un local para ir a tocar. Es una forma de reciclar las decepciones.

Ricardo Castillejo

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