Isabel Pantoja volvió a los escenarios el jueves por la noche en Madrid en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez donde, acompañada de sus familiares y amigos, presentó su nuevo álbum, “Hasta que se apague el sol”
Isabel Pantoja ya está aquí de nuevo. Ha vuelto. Con nuevas canciones, con nuevos estilismos, con esa forma de interpretar inconfundible. Desconocemos si ha regresado con ganas o porque tenía que hacerlo para afrontar las deudas que tiene con Hacienda y poder reorganizar económicamente esa casa en la que todos dependen de ella. Porque si Kiko Rivera es famoso es por su mamá. Y si Isa Pantoja puede recorrerse los platós y hacer exclusivas, es por su madre. Y si Anabel Pantoja se gana un sueldo cada mes en la “cadena amiga” es porque tiene la tía que tiene. Y si doña Ana tiene razones para seguir viva, posiblemente una de las más fuertes sea la de acompañar a su hija en esta nueva etapa en la que, de alguna forma, empieza de cero.
Eso por no hablar de todos los que compran y venden noticias que tienen a “la” Pantoja como protagonista. Cadenas de televisión inclusive que han ganado mucho dinero a costa de las aventuras y desventuras de esta mujer que, el jueves por la noche, volvió a ver subir el telón, en este caso, del Teatro Real Carlos III de Aranjuez donde, tras dos años sin pisar un escenario, se presentó ante el público con los temas incluidos en su anunciando y flamante álbum, “Hasta que se apague el sol”. Un trabajo compuesto, dirigido y producido por su fallecido amigo Juan Gabriel –muy presente durante el transcurso de la citada gala-, donde encontramos temas como “Hasta que te conocía” o “Abrázame muy fuerte”, que la sevillana interpretó en directo acompañada por una orquesta de 83 músicos y frente a un público entre el que no faltaron amigos, admiradores, periodistas y tertulianos y, sobre todo –y reincidiendo en lo anterior-, su familia.
Y es que si algo, a mí por lo menos, me quedó claro en este evento mundial –así se anunciaba- de la reaparición de Isabel Pantoja es que, a pesar de las discusiones, de los enfrentamientos y de las reconciliaciones, de las salidas de tono y de las bodas, bautizos y comuniones, lo suyo es un clan familiar como el que cualquiera de nosotros podamos tener. Un entorno de sangre que cuando la ocasión así lo requiere vuelve a reunirse, como hizo, en un pequeño palco esquinado sobre las tablas de dicha pequeña sala de la conocida localidad madrileña, para apoyar a la gran matriarca de la que, lo quieran o no, dependen. Desde allí siguieron con atención y emoción (incluyendo, además de los mencionados, al “tito Agustín” y a la recién incorporada esposa de Kiko, Irene Rosales) cada paso de su Isabel, afectada por un enfriamiento pero, igual que en la copla, al “pie del cañón” “hasta el último minuto”.
Antes habían llegado al patio de butacas muchos como José Luis Moreno y Anne Igartiburu; Isabel Gemio y Cristina Tárrega; Carmen Chaparro o el mítico Raúl Sénder… Y los enfervorecidos admiradores que, fieles a su diva, esperaban en la puerta, los menos afortunados, o disfrutaban del espectáculo, los más “suertudos”, al grito de “¡Isabel, Isabel! ¡Eres lo más grande de España!” o “¡Cuánto echábamos de menos esto!”.

A las nueve y media, tras la presentación que hacía el presidente de Universal, Narcís Rebollo, de su nuevo “fichaje”, se proyectaban unas imágenes de la tonadillera respondiendo a una entrevista que, parece ser, el que iba a ser el anfitrión originario de la fiesta, Juan Gabriel, había preparado para ese momento. Un vídeo, durante el que la intérprete respondía a extrañas cuestiones como si prefería o no “pinganillo” para sus actuaciones o si le costaba conciliar el sueño, que dio paso al mágico instante en el que la escena se abrió y la protagonista de la noche, con el mismo traje que en la portada de su disco, aparecía como una novia frente a un fondo negro con iluminación estrellada.
Muy bien de voz y muy guapa de cara, nuestra paisana –que mantuvo una actitud bastante respetuosa y hasta humilde- solo habló para proclamar el amor que sentía por la gente que estaba allí para apoyarla. No hacía falta más. Pocos deben ser los recovecos de la biografía de Pantoja que permanecen ocultos pues hace bastante que dejó de pertenecerse a sí misma para pasar a formar parte de los demás. Historia viva de nuestro país, Isabel Pantoja regaló las imágenes de su “reintrée” a todo el planeta que, a través de su web, pudo compartir en directo una velada en la que los corazones latieron muy fuerte a ritmo de baladas y rancheras con mensajes de amor y desamor que a cualquiera nos pueden tocar la fibra sensible. Ningunos estamos libres de haber “pecado”. Y si alguien así lo piensa, que sea él/ella el que tire la primera piedra. Yo prefiero guardar la mía. No vaya a ser que me caiga encima.