Tras su participación en el programa de Bertín Osborne el cantante incendia las redes sociales con comentarios sobre una sincera entrevista en la que volvió a revivir su trasplante de hígado
Mucho se habló hace ya 14 años sobre la enfermedad que el gran Raphael estaba pasando, una terrible cirrosis hepática que estuvo a punto de costarle la vida. Ahora, para Bertín Osborne, el cantante ha compartido con todos sus admiradores uno de los momentos más emotivos y complicados que ha sufrido algo que, ayer en las redes sociales, no dejaba de comentarse tanto en portales informativos como de forma particular por los usuarios.

Al principio de los 2000, el artista -aquejado desde los 80 de hepatitis B- vivió un empeoramiento de su salud por culpa del alcohol. “Yo nunca había bebido ni fumado pero empecé a beber alcohol porque me hacía dormir. Bebía botellitas pequeñas, de las de los hoteles. Es una enfermedad tan traicionera que no da la cara nunca, yo no era consciente”, continuaba. “También es cierto que no quería enterarme”. Un problema que incluso le pasó factura también a nivel personal ya que sufrió una etapa alejado de su esposa, Natalia Figueroa, con el objetivo de que su familia no descubriera la realidad.
No obstante, aunque su afección llegó a un punto de gravedad extrema donde el trasplante era la única opción, el jienense se negaba a ello, siendo la insistencia del doctor Enrique Moreno lo que le hizo ver “que era el único camino”. Además, los médicos le explicaron la importancia que tiene que los propios intérpretes cuenten en primera persona estas circunstancias a su público para que la gente tome conciencia y se convierta en donante. Tras esta dura etapa, Raphael no tardó mucho en volverse a subir a los escenarios. “Me operaron en abril, en junio grabé un disco y en septiembre debuté en el Teatro de la Zarzuela”, lugar donde, paradójicamente, arrancó su carrera profesional.

Su propia mujer, en el mismo espacio de Telecinco, recordaba este regreso como uno de los momentos más especiales vividos con su esposo y sus hijos. Un amor éste que nació en una entrega de premios donde, sin dudarlo, el responsable de “El tamborilero” se lanzó a pedirle el teléfono. “Mi padre se asustó por la popularidad desmedida de Raphael. Luego se conocieron, hablaron y desde ese mismo momento se lo metió en el bolsillo”, comentaba Natalia, la otra mitad de una historia de la que aún quedan capítulos por escribir.
