Me gusta quien tenga algo que aportarme y, claro, quienes van cumpliendo edad -por evidentes cuestiones de experiencia-, suelen tener una más clara visión de las cosas. Por eso siempre me resulta poco el tiempo al lado de mi admirado amigo Eduardo Altolaguirre, con el cual es un placer poder conversar sabiendo que, de dicha charla, uno sacará algo que le permita crecer. Algo similar a lo que me sucedió el martes en Madrid durante el encuentro con la gran Asunción Balaguer, que seguro prefiere que la consideren la mujer, antes que la viuda, de Paco Rabal.
La actriz, a sus 89 años, conserva el brillo en la mirada de una adolescente (con la diferencia de que su discurso va salpicado de esas “perlas” que solo los sabios regalan). Catalana de nacimiento (e independentista, para mayor información), Asunción recuerda con tanta admiración a su marido que conmueve. “Yo lo conocía dos años antes de empezar nuestra relación con lo que sabía lo bueno y malo que tenía. Pensé que alguien tan cariñoso con los suyos, también lo sería para mí”, me contaba en la cafetería del Teatro Español donde participa en el reparto de “Sueños y visiones del rey Ricardo III”. Los escenarios son las tablas a las que se agarra para mantener tantas ilusiones que uno solo puede pensar: “Es un ejemplo a tener en cuenta”.
Madre, abuela, bisabuela, esta mujer es una enciclopedia vital andante y las suyas son palabras que nunca olvidaré. Es el regalo de una profesión, la periodística, dura y compleja pero también llena de instantes mágicos como el que les narro. Solo por ellos, merece la pena.