La vida está llena de casualidades. No sé si serán obra del destino o del mismo azar pero el caso es que nunca terminas de sorprenderse con cosas que pasan (título, por cierto, de esta columna desde la que les escribo). Abreviando, venía esta semana iba dando un paseo por la noche cuando, de pronto, llegó a mi cabeza un cuento que de niño leía muchísimo (y con el que lloraba muchísimo), y que dio sentido a una relación sobre la que estaba conversando y que es calcada a la que relata “El príncipe feliz”, del gran Oscar Wilde. Este relato, muy apropiado para la Navidad, cuenta cómo, a través de sentimientos tan hermosos como la bondad y la fidelidad, se llega a ese AMOR con mayúsculas que luego, desde el cielo, Dios –o Alá, depende de la religión que hablemos- saben reconocer con la gloria eterna.
Ayer, leyendo noticias en la red, descubro que aún existen “príncipes felices” como el heredero de Dubai Hamdad bin Rashid, amante de los animales, de la fotografía, de las aventuras… y de la poesía. Un “soltero de oro” al que en su país conocen como “Fazza” –que significa “el que ayuda a los demás”- y que tiene todas las papeletas para convertirse en próximo objetivo de la “prensa del corazón” internacional. Motivos, desde luego, no le faltan a este atractivo noble que, acorde a los tiempos que corren, suele prodigarse en las redes sociales. Y es que, el mundo árabe, viene pegando fuerte, fuerte, fuerte…