Yo no dudo que haya quien encuentre “el amor de su vida” a través de las redes sociales pero, siendo realista (y viendo, más allá de ellas, lo que hay hoy día), lo que la mayoría de los que la usan busca es… un rollo (ahora lo llaman “follamigo”, que es una palabra muy apropiada para reflejar el “feísmo” que nos rodea). De hecho, en breve se publicará un libro del que me habla mi amiga Isabel Blasco, de la editorial Almuzara, donde se expone la experiencia de su autora durante el tiempo que estuvo usando algunas de estas plataformas para ligar concluyendo, al final, lo que antes les venía diciendo.
Claro que es bonito soñar y para las nuevas generaciones, que se conforman con una vida que transcurre en internet y en el whatsapp (en vez de disfrutar de lo que pasa delante de sus narices), estos son los caminos para relacionarse hasta que, poco a poco, a base de chascos y decepciones, se les va cayendo la venda de los ojos. Otra cosa es cuando uno tiene cuarenta y está cansado de tantos y tantos fantasmas como los que, por ejemplo, conoció Paula Vázquez cuando, según me contaba una vez, intentó ampliar su círculo relacional usando algunos de estos portales. “No duré mucho con aquello”, me explicaba la presentadora al respecto.
La experiencia te va volviendo escéptico en todo y, sobre todo, práctico. Hasta en asuntos del corazón. Ya no estamos en edad de quedarnos con las ganas.