Me gustó mucho la entrevista que el otro día le hizo Bertín Osborne a Carmen Martínez-Bordiú en TVE. O la charla, más bien. Ahí, la nieta de Franco se mostró sincera y directa en temas tan complicados mediáticamente como el sexo -reconociendo que todos, en mayor o menor grado, somos bisexuales-, o reflexionando sobre las relaciones que había mantenido a lo largo de su vida. Y dentro de que a uno le pueda gustar más o menos el personaje, lo cierto es que, si hay algo que no se le puede echar en cara, es el no hablar claro y el no haber ido haciendo, en cada momento, lo que le ha apetecido (argumento que le sirvió a Bertín para compararla con la duquesa de Alba).
En realidad yo siempre he pensado que cuando uno tiene las espaldas cubiertas es relativamente fácil ponerse “el mundo por montera” y que, las preocupaciones por una hipoteca o por cubrir los gastos que tengas para llegar a finales de mes, limitan bastante. Pero tampoco es menos cierto que, al final, uno es el que decide y que siempre existe más de una opción.
Por eso Carmen podría haberse decantado, como otras muchas de su estatus, por soportar a maridos que le son infieles o por no tener que enfrentarse al dedo acusador de la sociedad. Sin embargo, la suya ha sido una actitud al menos coherente con ella misma y eso, visto lo visto, ya es elogiable (estemos o no, insisto, de acuerdo con sus razones). Para mí, la crítica sin empatía nunca es saludable.