El artista peruano afincado en Sevilla actúa hoy en el Prado de San Sebastián con un concierto que servirá del clausura para la XXII edición del Festival de las Naciones
-¿Qué supone acudir al Festival de las Naciones?
-Siempre significó para mí como un evento que se abría a un tipo de público alternativo, dispuesto a nuevas sensaciones, tanto culinarias como espirituales, con la mente más abierta, que quería conocer otras culturas y con mucho respeto hacia los demás. Por circunstancias, por mi trabajo o por cuestiones ajenas a lo artístico, a lo largo de la trayectoria del Festival nunca hemos coincidido. Este año ha surgido la posibilidad de subirme al escenario del Prado y además poner el broche de esta magnífica experiencia.
-¿Cómo lleva su relación con nuestra ciudad?
-Llevo veinte años en Sevilla. Llegué aquí por amor y a mí me encanta porque es un lugar donde se adora la belleza. Es una ciudad con muy buena gente, que me ha ayudado mucho. Por supuesto tiene sus paradojas, porque son extremadamente católicos, algo homófobos y con una doble moral que me resulta también atractiva. Siempre he sido un tipo muy tolerante, con un origen familiar muy extraño, porque mi padre era hijo de judíos de Trieste mezclado con una angoleña y mi madre es hija de cuzqueño con un inglés hijo de vasca y eso me ha dado una forma de ver la vida más abiertamente.
-¿En qué momento se encuentra la cultura?-Me parece muy duro que no haya trabajo para los músicos, que tengas que ser amigo de alguien para actuar en un teatro, que deba existir un encantamiento con cierto tipo de autoridades para poder trabajar. Vivimos en un sistema que no soporta a los artistas originales.
-¿Cuál es su secreto para mantener esa inquietud constante por crear?
-Soy muy tozudo. Creo que el arte es una de las pocas maneras que hay en el mundo para que la humanidad se salve, aparte por supuesto de los avances tecnológicos. Sin arte no hay alma, es la única memoria popular del mundo. Nunca me he echado para atrás con la cultura. Incluso en momentos de depresión, los artistas tenemos que levantarnos y generar emociones al público porque la gente necesita curar las heridas que este sistema, que está empeñado en destruir la belleza original, provoca.
-Ahora que se acercan las elecciones, ¿piensa que hay oportunidad para cambiar las cosas?
-Tengo esperanza de que exista un revulsivo tras las elecciones, si bien no soy partidario de revoluciones porque son traumáticas. Estoy convencido de que la solución es un gobierno sin mayorías con partidos que trabajen al servicio del pueblo. Y en Sevilla estoy muy contento con el cambio de gobierno que se hizo hace poco porque Zoido hizo mucho daño a los artistas. A Espadas le dejaremos el beneficio de la duda…
-¿Qué le pide a la vida?
-Le pido que la gente no esté tan triste, porque es una enfermedad contagiosa y se libere de ella… y por supuesto ¡que se mueran los feos! (Risas)
