Tengo un amigo que mantiene con su madre (y al revés también) una relación obsesiva hasta tal punto que renuncia a muchas cosas que le gustaría hacer en la vida porque piensa primero en si ésta se molestaría o no con sus decisiones. Ella, por su parte, ejerce un control tal sobre su hijo que él (que no es del todo consciente de que su realidad es así como les cuento) no da un paso sin su consentimiento, impidiéndole desarrollarse como todo ser humano necesita, sobre todo, alcanzada cierta edad.
Desconozco hasta qué punto es así la relación de Kiko Rivera con su mamá pero lo que sí tengo claro, porque es evidente, es que el DJ la quiere muchísimo, piensa en ella constantemente y está sufriendo bastante con todo lo que a la cantante le está pasando. De hecho, él ha sido su mayor defensor desde que Isabel Pantoja entrara en esta vorágine de juicios y prisión en la que está metida y no ha habido ni un instante en el que no se le haya llenado la boca de elogios hacia su progenitora.
Esta semana, sin ir más lejos, coincidiendo con las fiestas de Navidad, Kiko no ha hecho sino colgar fotos en las redes sociales en compañía de una artista a la que se le ve muy delgada pero que, por fin, puede abrazar a los suyos fuera de los muros de su cárcel. Claro que, ahora que viene el día de Reyes, su mejor regalo sería no tener que regresar a ella nunca más. Ya queda menos…