La princesa Carolina de Mónaco celebrará hoy su 59 cumpleaños en compañía de su familia y con la discreción a la que, en los últimos tiempos, nos tiene acostumbrados
Tenía 16 años cuando la revista “Time” le dedicó una portada titulada: “Carolina, la novia de Europa”. Nacida el 23 de enero de 1957, Carolina de Mónaco (Caroline Louise Marguerite Grimaldi) fue la primogénita de los príncipes Raniero III y Grace de Mónaco y desde el principio captó la atención de la prensa internacional por el seno tan mediático donde vino al mundo. Vino al mundo en la biblioteca de su Palacio, forrada con telas de color verde por expreso deseo de su madre y siguiendo una tradición irlandesa y heredó los derechos dinásticos del Principado hasta el 14 de marzo de 1958, fecha del nacimiento de su hermano, Alberto.
Alumna del colegio monegasco “Las Damas de San Mauro”, acudía en verano a campamentos de Estados Unidos (país de origen de su madre) con sus primos maternos. Guapa, graciosa y sonriente, en su adolescencia fue retratada en bañador en el Beach de Monte Carlo, yendo a estudiar psicología con 18 años al Sorbona de París en 1975, y convirtiéndose en una “estrella” para la que sus padres tenían altas miras (le presentaron al príncipe Carlos de Inglaterra pero no hubo química). Ella optó por la “dolce vita” y, en la Costa Azul, conoció al bautizado como el “emperador de la noche”, Philippe Junot, con el que empezó a salir y ser perseguida por los “paparazzi” hasta que, en 1977, se anunciara su boda. Él tenía 35 años y ella, 19 y dicen que unas fotos muy comprometedoras entre ambos, en un yate, fueron el detonante para que Rainiero diera el consentimiento de un enlace que se celebró el 28 de junio de 1978 y que solo duró dos años. Las infidelidades mutuas (Carolina mantuvo un idilio, entre otros, con el tenista argentino Guillermo Vilas) hicieron todo para que ambos pidieran el divorcio y la petición de nulidad matrimonial (que tardaría en llegar). Esta decisión (Mónaco es un país católico) provocó un conflicto con el Vaticano, que, como es normal, no aceptaba tales circunstancias.
Varios amantes como Robertino Rossellini dieron paso a la muerte de Grace Kelly en un accidente de coche que, el 13 de septiembre de 1982, supuso un duro golpe para tan bella hija la cual, de pronto, maduró. De hecho, el 29 de diciembre de 1983, vuelve a dar el “sí, quiero” a Stéfano Casiraghi en una unión que, para el viudo príncipe Rainiero, fue una bendición ya que él, tres años menor que ella, era de una buena familia y ayudó a que Carolina se estabilizara. Es más, entre 1984 y 1990 nacen los tres hijos de la pareja (Andrea, Carlota y Pierre) y nuestra cumpleañera comienza a ejercer de forma impecable como “primera dama” del Principado. Sin embargo, la felicidad no duró demasiado ya que, el 3 de octubre de 1990, Stefano Casiraghi fallece al chocar su embarcación contra una ola (desgracia que tiene lugar durante una estancia de su esposa en París).
Carolina, muy herida y desesperada, inicia una etapa de reclusión en un pueblecito de la Provenza, Saint-Remy, donde crió a sus niños con la ayuda de Vicent Lindon, galán francés muy enamorado de ella que la acompañó en este tiempo en el que, además, el 1 de junio de 1992, obtiene la nulidad eclesiástica de Philippe Junot (reconociendo el Papa Juan Pablo II como legítimos a los tres hijos con Casiraghi –que quedan incluidos así en la lista de sucesión al Trono-).
Turno para Ernesto de Hannover, amigo de toda la vida con el que se reencuentra y del que Carolina se enamora, llegándose a casar en 1999 y teniendo, posteriormente, una hija (Alejandra). Pero el alcoholismo y el mal genio del príncipe alemán hicieron mella y, aunque su mujer nunca le dio la espalda, terminaron distanciándose (cuentan que él transita entre Ibiza, África y Alemania con una novia joven).
Centrada en sus obligaciones profesionales, Carolina ha visto cómo su propio pasado se ha ido repitiendo, en muchos sentidos, en su hija Carlota, heredera de su belleza, de sus aventuras amorosas juveniles y de un magnetismo especial cara a los medios de comunicación. Además, ejerce como abuela de tres nietos: uno llamado Sacha (de Andrea y nacido el 21 de marzo de 2013), otro Raphaël Elmaleh (de Carlota y nacido el 17 de diciembre de 2013) y, por último, también de Andrea, India, nieta del 12 de abril de 2015.
En 2005 su padre, Rainiero III, fallece por complicaciones en un estado de salud bastante precario y, en 2011, cede su puesto a su hermano Alberto cuando éste se casa con la sudafricana Charlene Wittstock.
Muy implicada con diversas causas solidarias, Carolina de Mónaco continúa llamando la atención. Más serena en todos los sentidos, ha sabido aprovechar cada segundo, tocándole ahora reflexionar sobre una década que, en breve, cambiará. Doce meses por delante para llegar a los sesenta e infinidad de razones para sentirse realizada. Al menos, oportunidades no le han faltado…