El violinista celebrará esta noche en el Auditorio de Fibes sus quince años de residencia en España con un inolvidable espectáculo para todos los públicos
Dio su primer concierto con doce años y desde entonces no ha parado de formarse, creciendo profesionalmente hasta llegar a convertirse en un auténtico referente de la música clásica. Lejos de reconocerse en ese estatus, el violinista más mediático de nuestro país –donde obtuvo residencia hace tres lustros- es de origen libanés, aunque como músico se formó en Hannover y Londres. Considerado por muchos como un auténtico genio, Ara Malikian regresa a Sevilla un año después de visitar la sala pequeña de FIBES con intención de llenar el Auditorio de un Palacio de Congresos donde, esta noche, el público disfrutará de un gran espectáculo en el que, desde Bach a Paco de Lucía, tienen cabida muchos de los grandes compositores de la historia.
-Hay quien piensa –y me incluyo entre ellos- que es usted un genio… ¿Se reconoce en eso?
-No, claro que no. Soy un enamorado de la música e intento compartirla con los demás. Cada artista debe hacer algo poco frecuente porque, si todos hacemos lo mismo, sería muy aburrido. Llevo un camino muy largo de viajes, giras, compañeros con los que he coincidido… y, poco a poco, he podido construir mi propia voz.
-¿Lo clásico debe estar reducido para una élite?
-No lo creo. La música clásica es una manera popular a la que todo el mundo debiera poder tener acceso. No hay que entenderla, sino sentirla. Es cierto que, desde hace bastante, pertenecía a un círculo muy cerrado pero en mis conciertos se demuestra que no es así. Todo el mundo puede disfrutar a Falla o a Vivaldi.
-¿Qué se considera? ¿Violinista? ¿Artista? ¿Molonoguista?
-(Risas) Más que nada, músico. Mi instrumento es el violín. No soy monologuista pero me gusta dirigirme a los espectadores y sentirme como uno de ellos. Hablarles, contarles anécdotas de mi trayectoria… Eso hace que la gente se sienta cómoda. Aunque haya tres mil personas, me gusta crear esa intimidad.
-¿Tampoco es entonces una “estrella” en lo suyo?
-No, no. Soy conocido por ser violinista. Hay una diferencia con ser famoso sin saber por qué.
-Los puristas seguro que no le ven con buenos ojos…
-Hay puristas en todos los géneros: en el flamenco, en el jazz, en lo clásico… Vengo del mundo de la música clásica y hace veinte años estaba obsesionado con que, el uno por ciento que se consideraba purista, saliera contento. Eso me pasó hasta que me di cuenta que ése no era mi público. No entiendo que la música sea para un museo sino para enamorar y conmover. Si un uno o un dos por ciento de los puristas no lo consideran bien, allá cada uno con sus gustos. Para mí es importante que la gente se vaya de mis conciertos feliz. Toco para ellos, no para los puristas.
-Tiene 47 años y una forma física envidiable… ¿Entrena muy duro?
-Bueno, en el escenario hay que estar en forma con el cuerpo. Durante este tiempo he aprendido que no solo hay que interpretar con los dedos y con la cabeza sino también con el cuerpo. Tengo la suerte de coincidir con compañías de danza y teatro y ellos son conscientes (y me han transmitido) lo esencial de la pare corporal. Intento mantenerme bien aunque tampoco soy un atleta.
-¿Escucha lo que hacen DJ´s como Kiko Rivera?
-Es que ése es un mercado que no conozco. No estoy “al loro” pero sé que, en relación a hace veinte años, uno no puede tener éxito en la música sin demostrarlo en el directo y entiendo que, en ese lote, van los DJ´s.
-Tiene un hijo de casi dos años… ¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Qué música le pone a su niño?
-Para mí está siendo algo maravilloso. Es la primera vez que soy padre y lo estoy disfrutando mucho. A veces no me da tiempo de verlo crecer pero, bueno, intento compensar lo que puedo y, respecto a la segunda pregunta, como practico todo el rato, casi que lo tengo obligado a escuchar el violín.
-Una duda antes de terminar… El panorama político que tenemos… ¿A qué suena?
-(Risas) Es un “cacao” muy grande. Estamos ante cambios y los debemos asumir como algo natural. Por mi parte, respeto la opinión que tenga cada uno.