María Valverde está enamorada. O, al menos, eso dicen. Y eso que, es una sensación, a mí me parece que lo de Mario Casas le ha costado bastante superarlo. Es lo que tiene tanta juventud y, sobre todo, tanta belleza. Sin embargo, “la belleza que atrae rara vez es la belleza que enamora” y “de lo guapo, no se come” con lo que, según leo, la que sería su siguiente relación conocida tiene un atractivo mucho mayor que el de lo exterior: el del talento.
Considerado el genio responsable de rejuvenecer la música clásica -y uno de los hombres más influyentes en lo que a este sector se refiere (al menos en Estados Unidos, que es como serlo a nivel mundial)-, Gustavo Dudamel, así se llama el afortunado, tiene, entre otros premios, un Grammy por la dirección de la Filarmónica de Los Ángeles interpretando la Sinfonía nº 4 de Brahms. Sin embargo, viendo sus vídeos y fotografías –porque el lenguaje corporal comunica mucho más y mejor que las palabras-, el venezolano es una persona que ríe y que gesticula sin miedo al ridículo, imponiendo su personalidad sobre cualquier esclavitud de la imagen y disfrutando al máximo de lo que hace.
Y así ha convencido desde el Papa a autoridades y públicos de muchos países que ven en él un ídolo no de barro ni de plástico sino de carne y hueso. Esos que, a pesar de sus imperfecciones, tienen un corazón que late con armonía. Visto lo visto, no me extraña que nuestra paisana también se haya dejado seducir por tan interesante personaje… ¡Envidia sana!