Hace unos años estuve muy delgado. Demasiado. Y lo peor es que no solo no era consciente de ello sino que, por mucho que insistían, no quería escuchar lo que la gente que me quería me decía. Mi madre, mis amigos, mis compañeros más cercanos me preguntaban continuamente si estaba bien, si me pasaba algo y yo, como comía (que no fue aquello por dejar de comer), pensaba que no había problema. Hasta que pasó el tiempo, empecé a respetarme y a quererme y empecé también a mirar fotografías de aquella época de la que, a día de hoy, lo que más tengo claro es que bueno del todo, no estaba. Por eso cada vez que me encuentro con alguna persona que de pronto aparece con muchos kilos de menos se me pone el cuerpo del revés, dándome ganas de hablar con ella y explicarle que, a pesar de que crea que todo está en orden, hay alguna conexión, algún “cable” hay por ahí que falla.
Anna Simón vuelve el lunes a “El Hormiguero”, programa líder de Antena 3 del que han presentado la nueva temporada esta semana en una comparecencia ante los medios donde ha quedado en evidencia que la catalana se ha pasado con el régimen. Y es que, sometidas a la tiranía de la imagen, las que se dedican a profesiones públicas como la de la tele, con frecuencia terminan cayendo en la destructiva autocrítica que, de no controlarla, puede llegar a ser fatal.
Por eso, si este escrito llegara a Anna –o a cualquier caso similar-, que tome buena nota: no hay ningún éxito que merezca más la pena que nosotros mismos.