No me gusta el halago fácil y conforme pasa el tiempo, menos. Ni me agrada que me digan piropos que no son ciertos ni, por supuesto, me gusta regalar el oído sino es algo que sienta de veras. Pero tampoco quiero, en lo que de mí dependa, quedarme dentro cosas por decir porque he sufrido mucho a cuenta de todo eso que se siente y que, de no sacarlo, termina pudriéndose.
Así que quiero hoy, públicamente, felicitar a Erika Leiva, participante que fuera de la primera edición de “Se llama copla” y tal vez la profesional que más ha evolucionado de entre sus compañeras/os de entonces a ahora. Y a las pruebas me remito porque es la única de su género que ha pisado cinco veces el teatro de la Maestranza poniendo además, como le pasó el martes en el homenaje a Rocío Jurado, el cartel de “No hay billetes”.
No era para menos. Erika y su equipo se volcaron, echaron la casa por la ventana con un espectáculo donde, sobre todo, hubo buen gusto… y arte. Se nota que la gaditana disfruta sobre el escenario –donde derrocha voz y dominio escénico- y se nota que en esta apuesta lo ha dado todo para agradar a su público y para ascender un peldaño más dentro de una trayectoria en la que se merece la mejor de las suertes.
Leiva es luchadora, humilde y tiene un apetito voraz por aprender, mejorar y superarse algo que, unido, es su mejor baza para confirmar eso que ya escribía yo en el número de julio de “Sevilla Magazine”. Erika, contigo… “Ha nacido una estrella”.
