Con esa frase tan contundentemente drástica suelen terminar muchas historias de amor. Porque cuando te decepcionan mucho, cuando se te cae la venda de los ojos y descubres que la persona que tenías al lado no valía ni la mitad de lo que habías apostado por ella… ¿para qué volverte a encontrar a dicho individuo? Son las cosas que tenemos los seres humanos que, de querernos muchísimo, podemos pasar a odiarnos en solo una décima de segundo. Como dice una canción de Pimpinela: “Es como despertarte de un sueño… Te vi tan grande pero eres tan pequeño… ¡Qué lástima!”.
En esa tesitura se encuentra ahora mismo Ágatha Ruiz de la Prada quien por vez primera, en una exclusiva a la revista “¡Hola!”, ha hablado de su ruptura con Pedro J. Ramírez. La diseñadora, bastante prudente en lo que a su intimidad se refiere, ha ido con su verdad por delante y ha planteado una situación muy frecuente entre parejas: él dejó de quererla y le propuso poner punto final a un matrimonio, y ahí viene lo extraño, que se había producido tres meses antes.
Porque si por otro rasgo también nos caracterizamos es por ser contradictorios, por no hacer lo que pensamos ni expresar lo que de veras sentimos. Ojalá siguiéramos más los consejos de sabios como Gandhi, quien afirmaba que el camino de la felicidad era tan fácil como decir, pensar y actuar en la misma dirección. Preferimos lo complicado. Sin lugar a dudas.
