A partir de mañana, y durante tres días, Alaska, Mario Vaquerizo, Bibiana Fernández y Manuel Bandera levantan el telón del Lope de Vega con “La última tourné”, una nueva aventura conjunta y la continuación de una nueva etapa profesional, como actriz de teatro, para nuestra entrevistada
Por Ricardo Castillejo
De lo que iba a ser una colaboración puntual de Alaska junto a su marido, Mario Vaquerizo, -hace tres años en la comedia de Bibiana Fernández y Manuel Bandera, “El amor está en el aire”-, se convirtió en una gira de setenta funciones que ha desembocado en este nuevo proyecto, “La última tourné”, protagonizado por los cuatro artistas mencionados. Reconvertidos todos ellos en una especie de compañía de teatro estable -cuyo autor “fetiche” es Félix Sabroso-, visitan Sevilla, como nos cuenta la propia Olvido Gara, con muchas ganas de disfrutar la ciudad y que, sobre todo, la ciudad disfrute esta faceta suya como intérprete que, quién sabe, hasta dónde podría llevarle…
-¿Qué has descubierto en el teatro que no hayas encontrado en la música, televisión o en el cine?
-Vamos a ver, el teatro es igual que la música… Si eres un artista al que no le gusta hacer conciertos, no serás un actor al que le guste hacer teatro, pero, si eres un cantante -como es mi caso- al que le encanta hacer conciertos, disfrutarás mucho las tablas porque son lo mismo. No es solamente el hecho de subirte a un escenario y el rato que dura la obra, o el concierto, es todo lo que conlleva eso: compartir momentos con tus amigos en la furgoneta, viajar, comer juntos, comprar algo, bajarte en una gasolinera, pasear a los perros… Es de lo que más nos llama a Mario y a mí.
-¿No te resulta duro? Porque ese componente nómada, quizás puede resultar poco cómodo…
-Yo soy una persona ultra casera y ultra nómada. No me busques en el punto intermedio porque no lo tengo. O estoy de gira, o en mi casa metida. Necesito ese contrapunto. Cuando para en Madrid lo que no quiero es salir, aunque me encanta coger la maleta. Dentro de las incomodidades que supone todo esto, viajamos cómodos, pero, todos los que participamos en esta función sabemos que hay momentos menos agradables porque, o bien no hay tanto dinero, o no hay casi equipo técnico, y, sin embargo, lo hemos hecho, porque lo amamos.

-¿Cuál es tu método como actriz?
-Ninguno. Aprenderme el guion a raja tabla, entender lo que quiere el director de mí y luego, intentar dárselo…
-¿Tienes algunos trucos que te ayuden? Mirarte al espejo, grabarte para verte…
-No, no. Además, el teatro es muy distinto al cine y a la televisión porque la visión del espectador en la pantalla es casi un primer plano mientras que, cuando haces teatro, es diferente porque éste no existe. Según el director, yo tiendo mucho a la gestualidad física. Por ello, tal vez me vaya mejor en el teatro, pese a que también me atraigan otros campos.
-¿Te atreverías con un clásico?
-Seguramente sí, solo es cuestión de prepararlo bien. No soy rápida, ni siquiera para aprenderme una canción o una coreografía. Con prisas no puedo prepararme bien un texto, ni sacar algo bueno de la interpretación. Por ello tendría que evaluar de cuánto tiempo dispongo.
–¿Cuál es, en tu caso, ese personaje soñado?
-Nunca lo he pensado, fíjate… Quizás porque nunca me he sentido intérprete en ese sentido. Yo he hecho cosas de cine y cosas de televisión y ahora, teatro, pero no tengo una carrera paralela. No tengo un agente para el cine y otro para la música. A mí las oportunidades que me vengan como actriz tiene que ser porque me encajen y porque sea el instante apropiado.
-En la función hay una compañía que se tiene que modernizar… ¿Cuál ha sido tu técnica para evolucionar y superar etapas sin quedarte atrás?
-Yo creo que no soy un buen ejemplo para nadie y te lo explico… Estos actores de “La última tourné”, efectivamente vivían de las variedades, de la revista, que tuvo sus “años de oro” en el siglo XX, hasta que llegaron los ochenta. Ya en los noventa, eso estaba más que muerto y acabado. Entonces es cuando las presiones exteriores le proponen, por ejemplo, una obra de Lorca… Pues, a mí nunca me ha pasado eso. Siempre he hecho lo que he querido, aunque supiera que no era lo que debía. De hecho, cuando empezamos con Fangoria todo el mundo pensaba que estábamos locos, que lo sensato era continuar con los temas de nuestro grupo, Dinarama, ya que éramos superventas, además de conocidos y exitosos. Nos advertían que era un suicidio comercial y que nunca llegaríamos a nada, pero el tiempo nos ha dado la razón. De todos modos, aunque nunca hubiéramos llegado a la repercusión de Fangoria, estábamos haciendo lo que queríamos, por lo que nunca hay que escuchar lo que te dicen. Si tú te quieres quedar toda la vida recitando a Calderón de la Barca porque es lo que te pone, hazlo. Si, de repente, tus impulsos te llevan, después de ser actor, a irte a “Supervivientes”, no te cortes. Pero no te dejes atrapar por el “Vete para allá, que te va a salir trabajo”… Nadie sabe lo que se trae el universo entre manos contigo, así que, por ello, fluye.

-Ya que lo mencionas, ¿te verías en algún “reality” como el de la isla?
-No, porque soy muy pava. Para empezar, a mí me da terror el sol, pasar hambre (porque no como animales) y la convivencia. Por ese motivo, precisamente ése, no es un lugar para mí.
-En esta función compartes cartel con tu marido, con el que has compartido muchas promociones y apariciones… ¿No puede peligrar la relación con tanta coincidencia?
-Nosotros nos conocimos trabajando, después ya vino lo otro. Entonces, hay aspectos en los que chocamos más que otros. Mi relación con Mario como mánager es fenomenal, porque es muy profesional, muy metódico (igual que yo), y eso ayuda. Con el teatro pasa lo mismo, es muy obediente y planificador, se estudia su guion, repasamos y listo. Luego, en un programa es otra historia porque él piensa que para funcionar bien en ese formato tiene que ser natural y dejarse llevar, no quiere saber lo que va a pasar, y yo quiero saberlo todo. Entonces, ahí discrepamos. Trabajar juntos, y más en lo que nos gusta, es como compartir aficiones.
-Pero, ¿separáis lo personal de lo laboral?
-No, porque no es cuestión de quitarse el uniforme cuando llegas a casa. Es lo mismo…
