La hija de Bertín Osborne, junto al que ha trabajado en su programa, “En la tuya o en la mía”, amadrinó recientemente la apertura de la Clínica Londres en Sevilla
Reconoce que con su edad, 37 años, ha empezado a preocuparse por los cuidados estéticos, encontrando en los profesionales de la Clínica Londres unos excelentes aliados. Allí, en las instalaciones que el centro ha inaugurado en la avenida Eduardo Dato, nos citamos con ella para charlar sobre un presente en el que el éxito le acompaña en lo laboral, donde ha triunfado trabajando con su padre en el último proyecto televisivo de éste, y en lo personal, faceta en la que disfruta de su marido, Joaquín, y de sus tres hijos, Santiago, Fausto y Valentina. Así es, así piensa, Alejandra Osborne.
-¿No le preocupa, como le pasa a otra gente, “engancharse” de la estética?
-Es que, en general, no me “engancho” mucho a nada y, si lo hago, me “desengancho” rápidamente. Lo que sí que aquí vas viendo los resultados y, cuando todo el mundo te dice la buena cara que tienes, te agrada y quieres seguir. Me he cuidado siempre de forma casera. Limpiezas en la cara, contorno de ojos, crema para el cuerpo, deporte pero no mucho más.
-¿Cuál es el límite?
-Que todo sea siempre natural. No me gustan las caras que parecen muñecos. Mientras no te cambie la expresión, está bien. Lo otro me parece feo. En Clínica Londres cuidan mucho esto y eso hace que te sientas seguro de que no saldrás siendo otra persona.
-¿Lleva bien el paso del tiempo?
-Hombre, creía que no me iba a asustar y resulta que sí, que me estoy asustando (risas). Vi un vídeo cuando tuve a los mellizos y era otra. Parecía una niña. Con 35 te empieza a cambiar todo y, el cuerpo, ni te cuento… Por lo demás he madurado. Con tres hijos -y trece años casada-, he aprendido muchas cosas. Te das cuenta de qué cosas son importantes y cuáles no. Antes era más tímida y ahora, aunque también me ponga roja, no tanto. Lo que sí estoy es estresada porque, entre mi padre, la clínica, mi empresa, los niños…
-¿No tiene ayuda?
-Claro. Quino es un padrazo. Si no, no podría. Una madre sin alguien que le ayude no puede hacer nada.
-¿Qué ha encontrado en su marido para estar tan feliz a su lado?
-Es lo opuesto a mí, más tranquilo. Me da estabilidad. Él es todo lo contrario en timidez. Me ha ayudado mucho y me ha demostrado tanto en tan poco tiempo… Casi nadie lo hubiera hecho.
-Son 16 años juntos…
-Casi toda la vida. Él me lleva diez años pero no me equivoqué. La clave está en la personalidad, no en la diferencia de edad. Tal vez me hubiera casado más tarde porque lo hice demasiado joven.
-Por si fuera poco, las audiencias del programa de su padre, donde colabora, han sido brutales… ¿Algún personaje con el que se quede?
-No te puedo decir uno pero tal vez Paco León. La suya es una familia increíble. O Pablo Motos. Me impresionó su historia. Es un superdotado. Mario y Alaska, Jesulín…
-¿Se imaginaban que los resultados iban a ser como los obtenidos?
-Fíjate que hemos llegado hasta casi el 25 por ciento del share… A mi padre siempre le ha ido bien en la televisión. No esperaba lo contrario, sobre todo porque estábamos hartos de gritos. En un momento en el que todo es “negro”, se ha agradecido algo tan “blanco”. Yo no veía la “tele” y “El hormiguero” y “En la tuya o en la mía”, me han convencido.
-Ni lo dudes. Es un fenómeno, un gran comunicador. Es simpático, natural y eso no abunda. De otro modo no habría “buen rollo”. Se notaría.
-Ha cambiado mucho, ¿no? Porque ha ganado como una profundidad que, al menos yo, desconocía que tuviera tan desarrollada…
-El nacimiento de Kike le cambió, sí. Es como si te dieran una torta y despertaras a la realidad de la vida. Él siempre ha sido humano y generoso pero ésas son cosas que piensas le van a tocar a otro… hasta que te tocan a ti. De todos modos, tanto él como Fabiola están felices y no lo cambian por nada.
-¿Qué es lo mejor y lo peor de Bertín Osborne?
-Lo mejor es que es muy sensible, cariñoso… Lo malo son los prontos que tiene, cuando se le cruza el cable. Luego pide disculpas pero, en ese instante, lo mejor que puedes hacer es callarte (risas).
-¿Se parece usted a él?
-En la altura, sí (risas). En lo demás no lo sé. Habría que preguntarles a mis hermanas o a mi marido. Supongo que todas somos una mezcla de mi padre y mi madre.

