La “top” española cumplirá 40 años en septiembre pero sigue siendo un referente internacional en su profesión además de una mujer comprometida, con causas como la sobrepesca en los océanos, y enamorada de su novio, el surfista Aritz Aranburu
Se nota a la legua que Almudena Fernández tiene su cabeza muy bien puestecita sobre los hombros. La que sigue siendo una de nuestras modelos más cotizadas del mercado a nivel internacional sabe lo que dice y lo que quiere y, aunque siempre ha sido una persona muy solidaria, en su momento vital actual está más que nunca comprometida con causas como la sobrepesca en los océanos. El mar le trajo el amor del surfista Aritz Aranburu –que colabora con ella en su lucha a favor del medio ambiente-, y a esa misma agua quiere devolverle parte de la mucha dicha de la que disfruta en la actualidad. Por eso se ha implicado en la campaña #StopOverfishing de Oceana, esperando que su imagen sea mucho más que una simple cara bonita.
-Hace diez años que colaboras con Oceana pero, en general, eres una mujer muy comprometida… ¿Es una manera de compensar lo superficial que, desde fuera al menos, se ve tu profesión?
-Para mí es una forma de devolver todo lo que mi profesión me ha dado y de involucrarme en proyectos que ayuden a un beneficio global como, en este caso, el cuidado de los mares. En el Mediterráneo la sobrepesca es del 90 por ciento y en el Atlántico, del 50. O cambiamos las leyes y somos conscientes de lo que ocurre o en pocos años habrán desaparecido especies marinas, habremos destruido el escosistema y, por tanto, tendremos océanos sin vida y, más allá, un planeta sin vida. Por otro lado, en la moda empecé con 16 años, muy jovencita. A medida que vas creciendo y te haces adulta también crecen tus inquietudes. Mi profesión centra la atención en ti, es nutrir tu ego y yo me veía muy descompensada personalmente. Necesitaba compensar esa luz y no sentirme desubicada.
-Estando siempre bajo los “flashes” y rodeada de lujo, ¿se corre el riesgo de perder el contacto con la realidad?
-En mi caso no ha pasado porque también ha estado, y está, la inquietud de hacer más cosas. Siempre he sido bastante tranquila. Nunca he sido una modelo de fiestas. He tenido un punto de retirarme, de reconectar, tener mi espacio. Eso lo hacía cuando volvía a casa por la noche, después de estar todo el día en el estudio. Me ayudó mucho el yoga y el mar. Empecé a surfear hace mucho y dentro del mar he conseguido desconectar de todo y conectar con la Naturaleza. La moda la puedes interpretar de muchas formas. Es una decisión personal. Sabes lo que te puede llenar. Cuando empecé era tan jovencita que tenía otros pensamientos pero esto tiene caducidad y después de un tiempo, empecé a preguntarme cosas que realmente me llenaran. Económicamente no me da nada pero me siento alguien de utilidad.
-¿Los cuarenta que cumplirás el 2 de septiembre son un punto de inflexión?
-Dicen que es la mejor etapa, ¿no? (risas). Lo ves todo desde otra perspectiva. Si ahora me dices que pasado mañana tienes una sesión de fotos y me coincide con una acción de una ONG le preguntaré a mi agencia si se puede cambiar para otro día. Para mí ahora las prioridades son otras. Mi profesión me encanta pero tengo otros intereses que me hacen sentir muy bien.
-¿Sin miedo a cumplir años?
-No me lo planteo. Si me planteas volver a los 20 a lo mejor lo haría pero con la cabeza de hoy. Con la de entonces, déjalo… (risas).

-¿El mar te ha traído el amor?
-Ampliamente (risas). El medio de vida de mi pareja es el mar. Eso es obvio. Pero yo también estoy implicadas en proyectos como mi ONG, con una vertiente medioambiental en la que enseñamos a los “peques” la necesidad de limpiar las playas y cuidar y disfrutar los mares. Sí, me ha traído mucho amor. Me ha hecho desconectar de todo y al estar con la tabla, aunque sea sentada, sentir la sensación de conexión directa con él. En el fondo pensaba: “¿Cómo puedo conseguir que esto que siento yo lo sienta más gente”.
-¿Aritz te pescó o fuiste tú a él?
-Pues mira, fue curioso. Estábamos en Arautz y fui con unos amigos, hace cuatro años (éste hará el quinto), en un campeonato que tenía conciertos por la noche. Conocí a Aritz pero ni él sabía quién era yo, ni yo él. Después de todo el rato hablando me dijeron: “¿No sabes quién es?”. ¡No tenía ni idea! (risas). Fue superbonito y nos medio pescamos uno al otro (risas). No teníamos ideas preconcebidas y era muy sano y muy real y luego encima descubrí lo implicado que estaba también en los océanos. Compartimos muchas cosas y el mar es el hilo conductor.

