A sus 22 años, Ana de Cózar puede presumir de ser la persona de Sevilla que más fotografías se ha hecho con los famosos más destacados del mundo del espectáculo
Hija del fallecido escritor de Rafael de Cózar, a Ana de Cózar, sin saber por qué, le encanta conocer famosos. Graduada en Comunicación Audiovisual, esta sevillana de 22 años comenzó muy pronto a interesarse por las “celebrities”, emprendiendo algunas grandes aventuras que nos relata en esta exclusiva entrevista a través de la que descubrimos a una joven con muchas ganas de triunfar y de “comerse el mundo”. Con intención de dedicarse al cine y a la música –y poder tener cerquita a toda esa gente que tanto les fascina- reside en Londres sin perder ni una oportunidad de lograr su objetivo: llegar, aunque sea solo por unos instantes, aunque sea saludar “los más grandes”.
-Antes de nada, ¿qué te consideras tú? ¿”Cazafamosos”? ¿Fan?
-Una amante de la música y del cine. A partir de ahí empezó mi gusto por los famosos. Tengo ídolos como Justin Bieber o Miley Cyrus y adoro el mundo del “pop comercial”. Con quince años fui sola a Madrid a conocer a Justin Bieber y, a raíz de comenzar mi carrera, me acerqué al cine (y, en consecuencia, a los actores). Siempre apunto por los más altos porque los tenía como más inaccesibles (y lo inaccesible es tentador).
-Pero, ¿con qué fin?
-Primero quería descubrir si eran reales. Luego se convierte en un vicio.
-¿Para qué usas todas esas fotos que te haces?
-Muchas las he impreso y las tengo en mi cuarto y, en general, las guardo y las publico en mis redes sociales. En Londres, donde resido por temporadas, a veces iba a buscar “celebrities” porque me aburría. Estaba en mi casa, había acabado la Universidad y me avisaban de que tal o cual artista estaba en la BBC e iba. Allí es mucho más fácil que aquí.
-¿Existe algún vínculo que los una a todos?
-Sí. Que cuando hay cámaras delante la mayoría te dará una buena imagen y son más simpáticos pero, cuando se quedan solos, es cuando la “cosa” cambia. Hay amigos que me han acompañado en alguna ocasión y que me han dicho: “¡Qué simpática es “fulanita” o “menganito”!”. Y sí pero si hay medios que les van a sacar en una revista ellos se preocupan por dar una buena imagen.
-¿Cuál es el famoso que más te ha gustado?
-¡Uf! Eso es difícil… A ver, si nos referimos a la “alta categoría”, Angelina Jolie me encantó. Es una diva pero me agradó cómo trato a todo el mundo (y eso que, en ese instante, no había periodistas). Brad Pitt, igual. Y también está Rita Ora que, sin ser tan popular, es de mis favoritas. Es súperhumilde y no tiene inconveniente en pararse contigo y decirte cuatro tonterías para que te rías en agradecimiento a tu espera.
-¿Y la mayor decepción?
-Kim Kardashian. Tenía muchas ganas de verla y fui a la puerta de su hotel. Iba con una amiga que, antes de llegar yo, ya se había fotografiado con ella. Esperé con tres paparazzi al lado y cuando salió mi amiga volvió a hacerse otro “selfie” y de mí pasó como de una “mierda”. Eso me molestó mucho porque estábamos solo dos. Fui detrás suya para decirle que me había ignorado. Se metió en el coche con la puerta abierta y pensé que era para que fuera pero el guardaespaldas me paró. Le pregunté si podía hacerme una foto con ella y entonces apareció un chaval de los que coleccionan autógrafos (para venderlos) y le dio cinco fotos que Kim firmó. Le planté cara pero, ¿de qué me sirvió si no me hizo caso? Nadie me había ignorado nunca de esa manera.

-Por cierto, ¿alguien que quisieras conocer y no hayas podido?
-Miley Cyrus. La adoro y nunca he podido verla cara a cara. Y Kate Perry, Lady Gaga, Rihana (a la que vi de mal humor por los reporteros). Madonna me llama la atención por lo grande que es pero no la admiro tanto. Me pilla de otra época.
-¿Tu mayor locura por conocer a algún famoso?
-Pues colarme en un hotel, con 16 años, buscando a Justin Bieber habitación por habitación. Ponía el oído en las puertas para comprobar si estaba ahí. O hacer en Madrid persecuciones de coches como en las películas, ordenándoles a los taxistas que siguieran un coche concreto. ¡Ah! Y en Los Ángeles me planté en la casa de Miley y llamé al timbre preguntando por ella. Me abrió su ama de llaves y me advirtió que estaba fuera. Le rogué que al menos que me dejara entrar a la casa. Ella alucinaba pero fui tan insistente que me pidió que esperara para, enseguida, aparecer la hermana pequeña –que me dio una foto de ella firmada- y la madre. Hice amistad con la hermana, que fue muy receptiva y me llegó hasta a seguir en twitter.
-¿No te da vergüenza nunca?
-Bueno, mientras más admiro a alguien, soy más cortada, no soy capaz ni de pronunciar una palabra porque estoy “flipando” tanto que no me lo creo. Si no, no me importa tanto.


