Miss Cádiz 2016, una joven pileña de 24 años, ha hecho historia convirtiéndose en la primera mujer transexual española en ganar un certamen de belleza
En su historia no hubo dudas. Siempre tuvo claro que era una chica y como tal fue evolucionando hasta llegar a ser lo que hoy día es. Miss Cádiz 2016 es un referente no solo para todas las transexuales que puedan ver en ella un ejemplo a seguir sino para todos los demás que, con sueños en la mochila, no se atreven a dar el paso para hacerlos realidad. Y es que, con tesón, paciencia e ilusión, muy pocas son las metas a las que no se puede llegar. Ángela Ponce es el mejor ejemplo de que esto es así.
-¿Cómo está viviendo esta etapa de tantas satisfacciones y tantos éxitos?
-Estoy muy contenta. Era lo que pretendía. Desde pequeñita la moda me llamaba la atención, primero como “hobby” (a los siete años) hasta que, poco a poco, me fui preparando y vi que era buena. Pretendo seguir aquí porque es lo que me llena aunque también quisiera tocar la interpretación y la televisión y, desde ahí, decidir qué es lo que mejor me va.
-¿Lo suyo a Miss Cádiz surgió natural o lo planeó como estrategia?
-No, yo me presenté como cualquier otra niña a la que le hiciera ilusión, con la suerte de que terminé siendo la coronada. Ahí fue cuando me enteré de que había hecho historia. Es una responsabilidad grande pero que llevo con orgullo e intentando ayudar a las personas en mi situación para servir como referente positivo de que, nuestras metas, se pueden alcanzar.
-¿Y en casa? ¿Qué le dicen?
-Todos están locos conmigo. Mi padre, en especial, se siente muy orgulloso de mí. Eso sí, me echan mucho de menos pero lo que quieren es que me dedique a lo que me llena.
-¿Cómo es ese momento en el que se plantea en casa que es una chica y no un chico?
-En mí no existió ese instante de cambio. Desde casi sin hablar ya pedía muñecas y no había problemas. Me las compraban y no pasada nada. Si quería ponerme un traje de flamenca y bailar, tampoco. Recuerdo que enfrente de mi casa había un parque y ahí iba con mis amigas a jugar con las cosas de niñas. Luego, conforme fui creciendo fui subiendo pequeños escalones: primero el pelo largo, la ropita más femenina, pendientes… No hubo nada traumático porque he tenido la libertad para decir hacia dónde quería ir.
-Pero eso no es frecuente… Lo normal es que al menos haya una crisis…
-Es que en mi caso era cuestión de identidad. Si no se hubieran dado cuenta es porque no hubieran querido. Claro que hablé con ellos y les expliqué que no era gay, sino una niña. Necesitaba ser yo misma y les aclaré que no era necesaria su ayuda porque lo haría pero que, con su apoyo, sería más rápido y llegaría más lejos.
-En su pueblo, Pilas, habrá cambiado la manera en la que la gente le trata, ¿verdad?
-He sido la primera en todo: en ser modelo, miss… Todo el mundo se vuelca conmigo, me para, me pide fotos y, para mí, ese reconocimiento es importante. Sí es cierto que, siendo menor, sí que los niños en el colegio me señalaban como el “mariquita” pero tampoco he sufrido ni acoso, ni “bulling”, ni me han hecho la vida imposible. Es lógico que no supieran cómo reaccionar porque ni yo misma sabía lo que era la transexualidad.
-¿Y el amor? ¿Cómo le trata?
-Ahora mismo estoy soltera, bien pero… no sé. Es que el amor… (risas). Estoy en una etapa en la que no me cierro a nada. Creo mucho en el destino. Lo que está para ti, está para ti. No es necesario buscar. Todo se encuentra. Muchas veces te empeñas en algo y te conformas con lo primero que llega. No sé qué quiero en este sentido pero sí lo que no quiero.
-Pero, ¿qué le enamora de un chico?
-Pues una persona que sea madura, que dé conversación, que sepa cómo “camelarte” y te haga sentir especial. Lo más importante es el respeto y, a partir de ahí, lo demás. Sobre el respeto se construye todo.
-Cuando se mira al espejo, ¿qué se le pasa por la cabeza?
-Sinceramente, me he convertido en lo que siempre he deseado. Y hasta he superado mis expectativas. Soy muy soñadora y de pequeña deseaba ser alta, guapa, desfilar, salir en revistas… De alguna forma era como demostrar que yo podía. Ni necesitaba que nadie confiara en mí, porque yo ya lo hacía, ni pretendía ser una mujer más sino una destacable. De hecho, mi lema era: “Ser la mejor no es una opción, es una obligación”. Ahora me miro y me veo a mí y me siento realizaba en lo que soñaba. Tengo un físico que me gusta mucho, me dedico a lo que deseo…
Maquillaje y peluquería: Javier Mascareña
Producción: Josan Muñoz
Fotografía: Selu Oviedo
Ayudante de fotografía: José Manuel González
Ubicación: Isla Mágica
Complementos: Anfermoda y Florsali
Zapatos: Emporio Donna


