La actriz, una de las pioneras del género musical en España, protagoniza, junto a Mireia Mambo, “Sister Act”, producción que llega el jueves 19 en FIBES
“Chicago”, “La tienda de los horrores” o “When Harry met Sally…” son algunos de los títulos de musicales que figuran en una trayectoria de tres décadas a la que hace un año incorporó, con mucho éxito, “Sister Act”, adaptación de la historia que protagonizara Whoopi Golberg en la gran pantalla. Creadora de la primera escuela de este género en España, “Memory”, Angels Gonyalons es, sobre todo, una persona interesada en otras personas.
-¿Una se vuelve más buena cuando se interpreta, como en este caso, a una monja?
-Depende de la monja (risas). Este personaje empieza muy inflexible, muy monolítico. Es como una pija victoriana de clase alta que ha creado una burbuja que se resquebraja con ese soplo de aire fresco que es Mireia. Ésta le hace sentir vulnerable y, ante eso, se asusta. No es una historia de una buena y una mala sino de dos personas de carne y hueso, con sus defectos y sus virtudes.
-¿Qué le ha dado este trabajo que no haya encontrado antes?
-Bueno ha sido algo muy enriquecedor desde un orden muy estructurado y profundo. Stage, la productora, lo hace muy bien. En cuanto a mí, soy muy alta y tiendo a mover mucho las manos y este papel me ha llevado a la contención. Es muy cinematográfico, muy de primeros planos. Al final, la moraleja es que no se deben tener prejuicios y que hay que ser más flexibles, mostrar más empatía y bondad. Y que conste que no son mensajes cursis…
-Desde luego que, desde que se introdujo en nuestro país el musical, han cambiado las cosas en torno al género, ¿verdad?
-¡Imagínate! Todo esto arrancó de forma muy anárquica. Salías, interpretabas, bailabas… No existía esa tradición de otros países como Estados Unidos o Inglaterra. Yo hace 22 años que creé mi escuela y por ahí han pasado muchos que luego se han hecho muy populares y a los que siempre les remito las palabras de Glenn Close: “Soy una actriz que, además, canta y baila”. Sea como sea, hay que ser exigentes como intérpretes y como público.
-¿Prefiere ser la “guapa” de la obra, como ha sido en muchas ocasiones, o, como en este caso, la monja madura?
-Empecé con 17 años y he tenido mis personajes de “dulce”. He sido Velma Kelly (“Chicago”), Audrey (“La tienda de los horrores”)… Debo ir acorde a mi edad porque también hay mujeres atractivas en esa etapa. A mí lo que más me motiva es aprender y pasármelo bien con mis compañeros, como en esta función. No me supone ningún problema salir con un burka y darle el lugar a Mireia. Si ella no hubiera sido como es, no habría salido de gira. Antes admiraba a los actores. Ahora, a las personas. Eso pasa con la edad…
-¿Los cincuenta le han cambiado?
-Me han dado serenidad, perspectiva, relativizar todo, saber que nunca llegas a ningún sitio y que estás de viaje… Ése es el placer. Hay que mantener el equilibrio y claro que da gusto que la gente te aplauda pero es un instante. Luego te miras el pelo y la cara y no son los de los treinta pero no pasa nada. La vida es un abanico enorme…
-Es decir que ha evolucionado bastante por lo que dice…
-Es que yo vivía encerrada en el mundo del teatro. Mi pareja de entonces se dedicaba a esto y eso hacía que me implicara más en ello. Ahora tengo a mi hija, de ocho años, y me encanta cuidar mi huerto, estar frente al mar con un libro… Eso me da felicidad. No necesitas mucho de lo que, a los veinte o a los treinta, parecía imprescindible. Como los premios o el reconocimiento. No gestioné bien la popularidad. Fue muy apabullante tenerla a los veintitantos. Demasiados miedos, demasiada falta de autoestima. Me he vuelto más cariñosa conmigo pero sabiendo mis limitaciones. Eres el resultado de unas experiencias, buenas y malas, que te dan lecciones de humildad.
-Por cierto, llegó a conocer a Whoopi Golberd en el estreno de “Sister Act”… ¿Cómo es?
-Me sorprendió porque me había forjado una imagen suya un poco de payasa pero me encontré un ser humano maravilloso. Con su voz profunda hablaba con facilidad, tuvo palabras para todos nosotros (y no cumplidos, precisamente). Eran comentarios sentidos, con actitud de “sé quién soy” pero desde fuera de la prepotencia. Emanaba paz y serenidad, elegancia.
-Angels, esta semana está muy en auge la cuestión catalanista… ¿Quiere pronunciarse al respecto?
-A mí me gusta, por encima de todo, la democracia. Todos los partidos tienen derecho a manifestar su opinión aunque yo optaría por pertenecer a un todo integrador. España es un Estado complejo porque es una agrupación de pueblos. Humildemente pienso que no existe un “pueblo español” sino un compendio de culturas. Lo interesante es que nos sintiéramos hermanos.