Opinar sobre otras personas, sean o no famosas -que, aunque algunos no lo crean, también son seres humanos-, tiene sus peligros puesto que uno está vertiendo su punto de vista acerca de algo que, en el fondo, tampoco conoce de primera mano. Lo que pasa es que todos, en mayor o menor medida, funcionamos de una forma similar y tenemos ilusiones y miedos parecidos, con lo que eso que les sucede a otros es lo mismo que puede pasarte a ti. Dicho esto quiero manifestar públicamente mi envidia sana hacia la pareja formada por Brad Pitt y Angelina Jolie, intérprete que, a las pruebas me remito, parece haber encontrado al hombre de su vida.
Y no porque el actor sea uno de los hombres más atractivos del mundo y uno de los profesionales mejor pagados del “séptimo arte”. Eso son simples detalles banales (llamativos pero banales) que no mantendrían lo suyo ni dos días teniendo en cuenta que, según he leído en una reciente encuesta, el mito de la “media naranja” está obsoleto y pasado de moda y, cuando uno quiere que de veras su unión sea duradera (mucho mejor esto que “para siempre”), hay que tener muchos elementos en cuenta. “Detalles” como el que exista un proyecto común de futuro que se complemente porque, ¿sabían, por ejemplo, que la anterior mujer de Brad, Jennifer Aniston, nunca vio del todo claro tener hijos con él? ¿Cómo podía prosperar esa relación con un abismo de pareceres tan gigantesco entre los dos?
Aparte, el 29 por ciento de las españolas (y el 86 por ciento de las americanas) tienen como uno de los elementos imprescindibles a la hora de formalizar un romance el que exista sentido del humor, que las risas fluyan para aliviar todas las tensiones que aparecen en el camino, tal y como da la sensación que les ocurre a los Pitt los cuales, en cualquier aparición pública que realizan, no dejan de tener la sonrisa en la boca, por un lado, y de demostrarse complicidad, por otro (rasgo que, sumado a la fidelidad -y volviendo al estudio referido-, es valorado por un 44 por ciento de las féminas).
Por si fuera poco, el protagonista de Troya va por los cincuenta “tacos” y la intérprete de “Alejandro Magno”, se encuentra a uno de los cuarenta. ¿Qué interés tiene esto? Muy sencillo: si él es cinco años (o más) menor que ella se multiplican por tres las probabilidades de divorcio mientras que, si ocurre al contrario (y él la supera en cinco, o más), hay seis veces más probabilidades de éxito. Porque, ni la atracción física, ni los gustos similares, ni siquiera el AMOR son tan poderosos para un vínculo de AMOR sólido (parece una paradoja pero no lo es) como la educación, la edad o el origen.
Así que, por mucho que les pese a quienes aún mantenían la esperanza de que Brad se arrepintiera, Angelina se ha llevado el “gato al agua”… y con bastantes garantías de perdurabilidad. Sin embargo, George Clooney todavía no ha dado el paso. Aprendamos rápido música que lo mismo “suena la flauta”…