Hace no mucho que he empezado a empatizar con esa expresión de “¡Qué bien te sienta la edad!” la cual, igual que antes me causaba cierto estupor (por aquello de venir asociada al paso de los años), hoy día me parece un “piropazo” que, por supuesto, va mucho más allá de la mera cuestión física. Igual que decía Oscar Wilde que “la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo”, otros afirman que pasamos la segunda mitad de la vida paliando los excesos de esa primera etapa, bajo mi punto de vista, sobrevalorada en exceso ante una madurez que, como la fruta cuando está en su momento óptimo, puede ofrecer lo mejor de una persona.
Y si no, que se lo digan a Sergio Dalma quien, el jueves por la noche, ofreció, a punto de cumplir los cincuenta, uno de los mejores conciertos que se han visto esta temporada en nuestra ciudad. Arropado por una banda de músicos fantástica y una puesta en escena sencilla pero perfecta, el intérprete salió al escenario de Fibes -con una chaqueta de cuero rojo, camiseta y pantalones vaqueros- adarlo todo. Claro que, la respuesta del público, no pudo ser otra que la de entregarse ante el solista español que más y mejor le ha cantado a los sentimientos en el último cuarto de siglo.
Porque la voz de Sergio, aun rota, es de una afinación y potencia tan bestial que, desde el principio y hasta el final, no solo mantuvo el listón en alto sino que lo llevó “in crescendo” hasta esa “Galilea” con la que se despidió dejando, señal de su sapiencia artística, ganas de mucho más. Eso por no hablar de las letras de unos temas que, a la par suya, ha sabido ir adaptando a sus diferentes etapas y necesidades vitales, llegando al clímax en “Cadore 33” (disco en torno al que se articula esta gira con la que celebra, nada más y nada menos, que un cuarto de siglo en la profesión).
Comparen ustedes alguna fotografía de los inicios de Dalma con su presente y piensen… ¿Cómo es posible que, en su “antes” y “después”, haya salido tan reforzado? ¡Qué ha hecho? Porque, según me reconocía el otro día, el bótox no ha sido el culpable (de hecho no permite el retoque fotográfico en sus imágenes de estudio) y, solo el uso de cremas y tratamientos de belleza (rituales a los que es aficionado), no parecen ser una respuesta satisfactoria ante dicha pregunta.
Está claro que cuidarse medianamente hace bastante y que, cuando se llevan buenos hábitos de alimentación y un poco de ejercicio, está demostrado que el cuerpo, que tiene memoria, termina respondiendo y que, el envejecimiento, logra retrasarse. Pero también es evidente que la actitud hace y que, la forma de afrontar las cosas, puede jugar a nuestro favor… o desfavor. Por eso, igual que las casas se construyen sobre cimientos sólidos, no dejen pasar la oportunidad de hacerlo así con ustedes mismos. Contémplense como si fueran edificios y conviértanse en arquitectos de su propio destino. Solo el futuro les aclarará cómo lo hicieron pero, el intento en sí, merece la pena.
