Un 5 de marzo de 1948 en Zahara de los Atunes nació Francisco Rivera Pérez, famoso torero que, bajo el apodo de “Paquirri”, pasó a la historia tanto por su valor frente al toro como por sus mediáticos matrimonios con Carmina Ordóñez, primero, e Isabel Pantoja, después. Así, si el fatal destino no se hubiera cruzado en su sendero, el gaditano hubiera cumplido el miércoles pasado 66 años en una semana durante la que su viuda ha vuelto a convertirse en abuela a través de su hija adoptiva, Chabelita (quien, en la madrugada del jueves al viernes, dio a luz al retoño fruto de su amor con Alberto Isla).
Un bebé que pesó 2,800 gramos y que ya ha nacido envuelto en esa polémica que persigue a esta familia la cual, se mire por donde se mire, siempre tiene un motivo para estar en el centro del huracán. Teniendo como punto de partida el fracaso del primer matrimonio del matador -y el inicio de la relación con la tonadillera (y posterior boda)-, pocos han sido los acontecimientos que, en torno a los Rivera-Pantoja, han pasado desapercibidos a la atención pública: el alumbramiento del descendiente de la pareja, Kiko; el fallecimiento del maestro en Pozoblanco; el luto de la artista; los
enfrentamientos a cuentas de la herencia con todos los que, de alguna forma, estaban en ella implicados (ex, hermanos, cuñados…); la “amistad” con Encarna Sánchez; la relación de Isabel con Julián Muñoz (que, posiblemente, es el romance que más ríos de tinta ha hecho correr en la historia reciente de España); las novias de su primogénito y su “loco” estilo de vida; los líos judiciales derivados del “caso Malaya”…
Podrías seguir hasta concluir varias veces este espacio pero, al final, sería como un círculo vicioso que no nos llevaría a ninguna parte porque, ¿quién es el culpable de tantas historias insanas? ¿Es un argumento vital que estaba escrito o, en cierta manera, se trata de algo provocado por sus protagonistas?
¿Qué pensarán ellos cuando analicen su camino y vean lo que ha sido y en lo que ha desembocado todo? Uno, dicen, es el arquitecto que construye, con sus acciones, el edificio de su propia vida y, por tanto, somos responsables en gran medida de lo que nos sucede pues, lo queramos o no, lo sepamos ver o no, siempre existen alternativas.
Supongo que el nuevo nieto de Isabel Pantoja es un rayo de luz en la oscuridad dentro de la que se encuentra sumergido su entorno. Entiendo que Chabelita tal vez es demasiado joven para valorar su decisión de ser mamá y que, con el tiempo, podrá contemplar con claridad este acontecimiento y espero que Alberto Isla sea el buen padre que su retoño desde ya reclama. Si ningún mal dura cien años, el final de esta eterna mala racha podría estar cerca…