¿Os habéis fijado que pasamos por una época en lo que lo feo y lo friki y lo vulgar está de moda? Nada que ver con el clasicismo grecolatino o el Renacimiento, ni con el recargado Barroco o Rococó, ni con el sutil romanticismo o con los excesos del “glamour” de los años 20… Si por algo se recordará esta etapa que nos ha tocado vivir será por los enormes pechos de Yola Berrocal o Pamela Anderson, o por los labios superlativos que se pusieron mujeres que en su día fueron tan bellas como Melanie Griffith, o por los gritos que cada tarde se dan en la “cadena amiga” despellejando a unos y otros, o por las bodas en las que las familias no son invitadas, o por las brujas que se “cachondean” del respetable vendiendo una pobreza por la que no pasan, o por cantantes que no saben cantar pero graban discos y dan conciertos…
Ya, por si teníamos poco, hasta los representantes se vuelven artistas y se permiten, como acaba de hacer Toño Sanchís con una reportera de un canal local al que concedía una entrevista, insultar a esa chica diciéndole en plena grabación lo mal que lo hace o tirándole de la coleta demostrando la más absoluta falta de respeto y empatía con una profesional que, sinceramente, no entiendo como no cogió la puerta y se fue en cuanto vio el panorama. Todos, igual que ella, permanecemos impávidos, consintiendo una vez tras otra que el feísmo triunfe y que lo bello haya pasado de moda. Algo que lo dice casi todo de nosotros…
