La sevillana vuelve este fin de semana al Teatro Quintero con el espectáculo “Charo Reina canta boleros y coplas”, donde repasa títulos importantes de ambos géneros.
Está de doble enhorabuena por estrenar este fin de semana, sábado y domingo, su espectáculo “Charo Reina canta boleros y coplas”, en el Teatro Quintero, y por la inauguración mañana de su local, Piano Blanco, en el barrio de Los Remedios. Así, la artista sevillana vuelve a reinventarse después de una larga carrera en la que ha demostrado que, tanto en la interpretación como en la música, es capaz de afrontar cualquier proyecto… y hacerlo con éxito. Actriz, cantante, humorista, presentadora… y hasta empresaria. Una “todoterreno” sin “pelos en la lengua” con la que hoy conversamos aprovechando tantas y tan buenas noticias…
-En la última conversación que mantuvimos decía que se retiraba de la copla…
-(Risas) Imposible. No puedo hacer eso. Mi público la espera con lo que, en este montaje, he unido mis dos amores musicales. La copla es con lo que he nacido y lo que he mamado y el bolero me enamoró desde chiquita. Vivía en la calle Fray Isidoro de Sevilla, donde mismo que Antonio Machín, al que admiraba mucho. Quería conocerlo y por eso aprendí su música y, entre otros temas, “Dos gardenias”. Años después me contrataron en Cuba y entre el público estaba Isolina Carrillo, autora de esa misma canción a la que llegué a cantarle su melodía arrodillada…
-Aparte, en esta puesta en escena realiza algunos monólogos…
-Es que para mí el teatro y la interpretación es lo más. Acabo de terminar el rodaje de la segunda parte de “El príncipe” y preparo un musical para 2016. Lo tenía muy claro desde siempre. Me decían: “Vas a ser coplera”. Y yo contestaba: “¡Voy a ser actriz!”. Lo que pasa es que mi tía me pidió ser su sucesora y sus deseos eran órdenes para mí. Me preguntó: “¿Quieres que sea feliz? Pues sigue mis pasos…”.
-¿Se siente profeta en su tierra?
-Es que no diferencio tierra ninguna. Me siento muy grande en Madrid, en Valencia, en Lugo… No busco ser especialmente grande en Sevilla sino aceptada por todo el público que venga a verme en general.
-El género ha revivido gracias a “Se llama copla”… ¿En qué fallan los jóvenes intérpretes?
-En la manera de decir la copla. Vengo de la estirpe de Juana Reina y he visto cantar a las más grandes y las coplas no hay que alargarlas ni gritarlas. Hay que chillar para vender boquerones, pero no para cantar copla. A ésta debes mimarla, mecerla… ¿Cuántos gritos dio mi tía o Concha Piquer? Se está desvirtuando porque subir es muy fácil. Lo complicado son los graves, que es donde se desafina.
-Dígame algún nombre del programa que le llegue…
-Es que no lo veo. Y tengo muchas razones. Se hace uso y abuso de los intérpretes. Y ahí vamos a parar.
-Su forma de hablar se caracteriza por ser muy clara… ¿Eso tiene un precio?
-Sí. Y muy alto. La verdad no interesa con lo que prefiero callarme todo. Siempre he ido de frente y eso se paga. Ya no lo haré más.
-Es decir, ¿no más programas del corazón?
-No. Y eso que me han llamado muchísimo. Prefiero comerme un bocadillo de tortilla francesa que un solomillo pagado con dinero de esos espacios.
-¿Enamorada?
-Sí, pero no estoy con esa persona. No puede ser. Las folklóricas somos como nuestras canciones, muy pasionales. Y la pasión también se paga. De todos modos, es un terreno en el que hoy día tengo otros valores. Me interesa la compañía, la amistad, poder charlar de todo (y que no sean conversaciones de dos minutos y medio), ver una película y comentarla… Estoy muy tranquila. Como nunca. Y aunque siga entrando en los charcos con toda la planta del pie, ahora me seco.
-Ha sido una mujer con un pasado político muy activo… ¿Algo que comentar?
-Pues que eso igualmente me ha pasado factura. Llegué a un movimiento político con 16 o 17 años porque me enamoré pero antes fui del Partido Andalucista y del Comunista. Ya no creo nada de ninguno. Los meto en el mismo saco de corruptos de todos los colores. Tanto el que lo hace como el que lo consiente. Necesitamos una revolución política que quite a todos. Hasta los recién llegados. De todos modos hay algo que es el “derecho al olvido” y yo tengo derecho a cambiar y a ser distinta como lo hace todo el mundo. No soy la misma de entonces aunque siempre he sido una revolucionaria.