La actriz protagoniza el monólogo “Reina Juana” en el teatro Lope de Vega de una ciudad, Sevilla, a la que, desde siempre, se siente muy unida
Son 76 años de los que presume Concha Velasco, figura de la interpretación casi desde el principio de su carrera y, sin duda, una de las actrices más queridas de nuestro país. Apasionada de su trabajo como pocas, la vallisoletana se encuentra en Sevilla estos días dando vida a Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos que popularmente ha pasado a la historia como “Juana la Loca”. Y es que, según cuentan las crónicas de la época, la monarca perdió la cabeza por las continuas infidelidades de su amor, Felipe El Hermoso, del que, joven, dejó viuda. ¿Mito o realidad? Una buena oportunidad con “Reina Juana” para descubrirlo…
-A día de hoy, ¿qué tiene que tener un papel para convencerla?
-Lo primero es que es maravilloso que los directores, los escritores y los empresarios sigan confiando en mí para, como gran actriz de teatro, hacerme llegar textos como éste de Ernesto Caballero. Eso es sorprendente. ¿Que por qué lo hacen? Supongo que porque tengo una trayectoria estupenda, más allá de la “chica yé-yé”… Por mi parte tiene que interesarme el escrito y el personaje. Muchos los devuelvo y, en ocasiones, me equivoco. He rechazado series de televisión, obras y películas y he cometido un error haciéndolo porque, gracias a Dios, no soy perfecta.
-Lo que sí ha sido “primera figura” toda la vida…
-Desde los 19 años. A mí me gusta ser agradecida, en especial con esa gente que te ayuda cuando, como fue mi caso, en mi casa no había ni para comer. Con mucha frecuencia nos olvidamos de esas personas y yo, gracias a una oportunidad que me dio Tony Leblanc poniéndome hasta delante suya en el cartel, pasé de ganar 45 o 60 pesetas con Celia Gámez a 3.500. Llevo muy bien los fracasos porque, como tú dices, he sido “primera figura” desde muy pronto y eso me ha quitado de muchos rencores y envidias a los jóvenes. ¡Yo ya fui joven! Por esa actitud creo que las nuevas generaciones de mi profesión me tienen tanto cariño…
-¿En qué se diferencia una “estrella” del resto de los mortales?
-No lo sé… (risas). Yo soy del grupo de las Gutiérrez Caba y de “las” Mary Carrillo. Mary, que era la más grande con la que he trabajado, se pasaba todo el día haciendo una funda de ganchillo para una silla durante los dos años que compartimos de gira. Le encantaba estar con sus gemelas, sus nietos, cuidar de su marido, invitarte a su casa… A Ana Belén la llamamos “Miss Proper” porque no he visto a nadie más dedicada al hogar, a su marido, te recibe en delantal y limpiando… ¿Por qué nos obligáis a ser como en Hollywood y llevar visones arrastrando por el suelo?
-A pesar de eso, su profesión está claro que les “engancha”… ¿Cuál es la razón?
-La suerte de vivir otras vidas. Cada vez me gusta más la vida normal y corriente. No puedo porque tengo proyectos que me suponen muchas horas de estudio. Aquí no hay apuntador ni “pinganillo” sino un libro así de gordo que me tengo que aprender de principio a fin. Para decir bien “La hegemonía de un reino” necesitas horas… Es la grandiosidad de las cosas mundanas…
-¿Qué estado de ánimo tiene ante su estreno?
-Tremendamente asustada… Con un texto, un actor y público una obra se puede hacer de cualquier manera aunque mejor si la enriquecemos, claro. Darle al teatro lo que últimamente ha perdido por culpa del IVA porque hay pocos productores que se arriesguen. Por lo demás estoy preocupada porque, me lo he pasado tan bien en los ensayos, he disfrutado tanto que, cuando he visto el patio de butacas del Lope he pensado: “¡Ay, Dios mío!”.
-¿Se puede, como dicen de su nuevo papel, perder la cabeza por amor?
-Juana, desde luego, no la perdió. Otra cosa son los celos, que pueden ser una enfermedad y que es de lo que acusaban a esta señora. Pero ella no estaba enferma, sino indignada del mal trato al que había sido sometida por el amor de su vida, que era Felipe. Lo fácil era acusarla de loca… Pero los “cuernos” siempre se llevan mal y más, si se saben. Es lo que afirma ella de la Inquisición: “Al Santo Oficio no le importa lo que piensen o crean las personas sino que, lo que se crea y lo que se piense, no se publique públicamente”.
-Estamos ante una historia de pasiones, celos, amor… ¿Confundimos los límites de todos estos conceptos con frecuencia?
-A mis 76 he vivido lo que he vivido y no estoy para ese tipo de filosofías. Si no existe el amor, no existe la vida. Para mí el amor es fundamental. Ahora se habla del “mete y saca” pero para mí es mucho más importante que eso. ¡Yo me he enamorado tanto! ¡Y me lo he pasado tan bien y he sufrido tanto con el desamor! Por eso creo que puedo interpretar perfectamente a Juana…