El amor es ese sentimiento sobre el que el hombre lleva hablando desde el principio de los tiempos pero que, en realidad, se conoce menos de lo que sería recomendable. Es más, si supiéramos de veras lo que supone, no tendríamos ni el 90 por ciento de los problemas que solemos tener a cuentas de los supuestos asuntos del corazón. Pero claro, esto sería como desmontar determinadas ideas que se han construido en torno a la religión pues, si a la gente le dices lo que no quiere escuchar –por muy verdad que sea-, terminan crucificándote. Y a las pruebas podemos remitirnos…
Sea como sea, hoy es el día de los enamorados y nunca está de más realizar alguna reflexión al respecto. Sobre todo porque, en mi caso, he aprendido tanto en los últimos tiempos de lo que supone querer a alguien que me gustaría compartir algunas de esas enseñanzas por si, aunque sea a una sola persona, pudieran servirle de algo. Al final creo que el amor más puro y más auténtico es el más similar al de los padres con los hijos quienes, por muy mal que se porten con sus progenitores, siempre tienen la puerta de casa abierta al regreso (lo demás son bajas pasiones y egoísmos que solo conducen al desastre).
Respetar sin entender todo, dar cariño aun recibiendo desplantes por respuesta, callar a pesar de tener mucho que decir, sonreír cuando lo que te apetece es echar alguna lagrimilla… Una entrega incondicional solo porque el alma así lo dicta. Y cuando ésta dice algo, hay que escucharla siempre.