Me confieso un amante de la sabiduría del pueblo porque en los refranes y en los proverbios está contenida la esencia de la vida. Por eso cuando hay personas mayores cerca procuro pegar bien el oído por si acaso puedo obtener información para venideras vivencias. Además, es curioso pero, a pesar de que haya tantas culturas en el mundo, al final, a la hora de la verdad, en lo básico suelen coincidir casi todas y, si una, como la española, dice aquello de que “cuando el río suena, agua lleva”, otra, como la árabe, apunta a que “si alguien te dice que te pareces a un camello, no le escuches pero, si te lo dicen tres, te mires en un espejo”.
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Ya hacía tiempo que se venía escuchando la existencia de una crisis en la pareja formada por el jinete Sergio Álvarez y la hija del dueño de Zara, Marta Ortega. De hecho, se comentó que habían dejado de convivir juntos y que lo suyo había terminado (sin que las razones, eso sí, trascendieran). Ellos, o el entorno (no estoy seguro), se apresuraron a desmentir las tensiones en el matrimonio y a señalar que las informaciones eran fruto del “mentidero popular”. Y nada, todo el mundo optó por creérselo hasta que, al fin, se ha sabido que sí que la pareja se ha roto y que cada uno ha optado por continuar su camino por separado.
Entiendo que no son situaciones agradables y que la prudencia es buena consejera siempre pero, por otro lado, ¿por qué ese empeño por negar los hechos? Por mucho que lo hagamos, hechos seguirán siendo… queramos o no.