De pequeño fantaseaba con muchas cosas, siendo uno de mis ensoñaciones favoritas la de convertirme en un artista excéntrico al estilo de los maestros de ceremonias de los cabarés. A la vez, sabiendo que ése era un objetivo demasiado rompedor para una familia más bien conservadora, me imaginaba escribiendo libros, narrando historias que pudieran interesarle a la gente. Con los años he alcanzado esas dos metas. La primera, en privado (dándoles la tabarra a mis seres queridos con “numeritos” que se me van ocurriendo), y la segunda, cara al público que, fielmente, se siente interesado por textos como éste o como el que estoy preparando para primavera, en forma de un libro que me gustaría titular “Estoy como nunca”.
Precisamente en relación a él, esta semana hablaba con Paula Vázquez, que celebró su cumpleaños el jueves (41) y que me estuvo contando cómo a nivel emocional ha aprendido que a ciertos hombres hay que mirarlos pasar desde el coche puesto que, ir tras ellos, puede traer fatales consecuencias. Es decir, la eterna lucha entre “lo que quiero” y “lo que necesito”.
Hoy día sigo soñando con muchas ilusiones aunque siendo más realista y conformándome con las realidades que me convienen. Mi corazón late con menos prisas en el amor pero con más seguridad. Ahora cruzo yo delante del coche pero sin pretender que nadie se baje. Conque toquen el claxon, es suficiente. Ya me acercaría yo si acaso. Eso sí, si no me avisan, ni miro…