Llevo planeando este viaje hace varios meses. En realidad, desde que se supo que Edurne iba a ser nuestra representante en Eurovisión y que el festival de este año se celebraba en Viena (que conocí hace unos años y de la que guardo un recuerdo entrañable). Así que, después de un año algo extraño en lo personal, decidí seguir las numerosas señales que me advertían de que debía embarcarme en esta aventura y aquí estoy, en pleno corazón de Europa, disfrutando de esta tierra maravillosa llena de majestuosos palacios y colinas verdes como las de Salzburgo, ciudad donde se rodó “Sonrisas y lágrimas”, una de mis películas favoritas.
Desconozco, claro está, lo que sucederá esta noche y en qué lugar quedaremos pero sí insisto en que “Amanecer” me parece una preciosa canción, con una hermosa letra y una melodía (no muy “eurovisiva”, según dicen los expertos en la cuestión), que, si ahora no se ha sabido valorar demasiado, seguro será bien recordada. Igual que le sucedió, por ejemplo, a “La fiesta terminó”, de Paloma San Basilio, la cual no corrió una gran suerte en su momento pero que a la diva le ha dado muchas satisfacciones en su trayectoria.
Porque, lo mismo que sucede con algunas personas, hay cosas que no son bien entendidas en el presente. Bien porque son demasiado avanzadas, bien porque alguien se empeña en destruirlas (y el resto, como buen rebaño, apoya dicho juicio), bien porque nosotros mismos no poseemos el criterio para valorarlas en condiciones. De ahí aquello de tiempo al tiempo…