El ser humano tiene la mala costumbre, en general, de estropear muchas de las cosas que toca. Nos pasa con el medio ambiente, con los vestigios históricos, con los animales y, cómo no, nos sucede con nosotros mismos. De ahí que las relaciones entre las personas, que suelen empezar bien, acaben muchas veces como “el rosario de la aurora”, tirándonos los trastos de reproches que vamos acumulando durante años y que arrancan a tiras la piel del alma.
Eso es lo que se refleja estos días en la función que Vicky Peña protagoniza en el Lope de Vega, “El largo camino del día hacia la noche”, donde, la que en principio parece una familia ideal, poco a poco va dejando al descubierto una reunión de monstruos que, sin piedad, se ensañan unos con otros hasta quedar reducidos a una mera sombra de lo que fueron.Y eso también es lo que todos los días vemos en la televisión en clanes como el de los Jurado (que abarca desde José Ortega Cano a Rosa Benito pasando por la recuperada Rocío Carrasco), el de los Pantoja (donde desde la matriarca, Isabel Pantoja, vamos derivando hasta su hijo Kiko Rivera o su “Chabelita) o el de los de Ubrique (del que, aparte de Jesulín, “la” Campanario o la popular Carmen , nació la “princesa del pueblo” -duquesa de “Sálvame” y marquesa de “Gran Hermano Vip”-, Belén Esteban).
Una espantosa realidad que saca lo peor de nosotros mismos y que debiéramos tener como ejemplo de lo que no debe hacerse. Mejor, como Gandhi, practicar el perdón y no dejar que se muera el sol sin que se hayan muerto nuestros rencores. Una inmejorable inversión a largo plazo.