El actor compagina las representaciones del musical “Cabaret”, que protagoniza como “maestro de ceremonias”, con “Cuando menos te lo esperas”, función que comparte con su propio padre
Es como un “hombre del Renacimiento”, capaz de tocar muchos palos del arte y hacerlo todo bien. Edu Soto, popular por su papel de “El neng” junto a Buenafuente, vive uno de los mejores momentos de su carrera, protagonizando “Cabaret”, el musical que representa en la madrileña “Gran Vía”, junto a un proyecto tan personal como “Cuando menos te lo esperas”, en el que ha dado la oportunidad a su propio padre de debutar frente al público –tal y como era el sueño de éste- como actor y cantante. Padrino de las nuevas “Pringles Tortilla”, con tres originales sabores, el actor se sincera para nuestros lectores desvelando aspectos de su personalidad, tal vez, menos conocidos.
-Interpreta, canta, hace televisión, es autor teatral… ¿Dónde se reconoce más?
-No sé. Yo creo que lo mismo sirvo “para un roto que para un descosido”. Me encantan los retos. Primero digo que “sí” y luego me lo pienso (risas).
-Está claro que tiene mucho talento…
-A mí me parece que soy bastante normal. Hay gente que ocupa sus cabezas en unas cosas y otra lo hace en otras distintas. También existen personas bohemias que no son artistas. Por mi parte dedico mucho tiempo a generar. No soy solo un actor. Me gusta crear y eso no todos los actores lo hacen.
-¿Qué tal lleva la popularidad que le ha dado la “tele”?
-Es lo que tiene ese medio. Te pone más o menos en la calle. En cuanto sales, te acerca a todo el mundo pero, de aquí a cuatro meses, si no vuelvo, el asunto se tranquiliza. No hay que estar demasiado pendiente de eso aunque si sale algo bonito, como ha sido “Tu cara me suena”, te metes y aceptas. Soy un rostro bastante reconocible. A veces he ido con compañeros más conocidos que yo pero, entre mi nariz y mi altura, llamo la atención. Llega un momento en el que te acostumbras a que te señalen por la calle. Hay que vivirlo con naturalidad.
-En una de sus funciones actuales, “Cuando menos te lo esperas”, comparte cartel con su padre… ¿Cómo tomó esa decisión?
-Toda su vida ha estado con una inquietud en el estómago que ha florecido a sus 68 años. Se dedicó al sector textil y perteneció a una generación en la que muchos no pudieron hacer lo que querían con lo que quise darle la oportunidad de cumplir ese sueño. Está pasando una segunda juventud.
-Es una obra ésa que habla del amor… ¿Cuáles son sus aprendizajes al respecto?
-El amor es algo que nos ocupa la cabeza, el grandísimo tema de tantos siglos comentando sobre él. Es muy necesario pero hay que tener cuidado porque puede convertirse en algo obsesivo. Mi experiencia me aconseja que hay que aprender a disfrutar de la amistad, del trabajo y que, cuando menos lo esperas, te llega. Lo mejor es relajarse porque no está demasiado en tu mano pero, hasta el que no tiene ganas de enamorarse, si se lo topa, se tiene que joder (risas).
-¿Es fácil usted como pareja?
-Ni idea. Dicen que no (risas). Lo que es complicado es que viajo bastante, que estoy poco en casa, no tengo días de fiesta, la irregularidad que tenemos los que nos dedicamos a esto. Me estreso mucho con lo mío y me tienen que recordar que debo serenarme. En realidad, desde fuera es complejo de entender.
-Las “pringles” que presenta tienen un punto picante… ¿Su humor también lo es?
-Mucho y, a medida que me he ido dedicando más a esta profesión, me he vuelto más “cabroncete”. Vas ejercitando eso de reírte de todo.
-Deduzco que en “Cabaret” estará feliz con su papel… ¡Hace lo que quiere y, a los espectadores, les dice casi de todo!
-(Risas) Estoy muy contento porque es un regalo para cualquiera aunque lo he hecho sin acento alemán. Es lo primero que pregunté y, como me dijeron que no querían que hablara así, lo he castellanizado.

