Si les dijera que Diana Navarro es una de las mejores voces del mundo no les descubriría ningún secreto. La malagueña atesora una de las gargantas más afinadas que han escuchado y que, se lo aseguro, escucharán a lo largo de su vida. La verdad que no es normal lo que tiene en la garganta porque, más allá de las filigranas que es capaz de hacer, sus cuerdas vocales resultan tan mágicas como mágico es su interior.
Claro que nada viene de nada y, para aprender a valorar la luz, antes hay que deambular por las sombras como le ha pasado, durante muchos años, a esta mujer a la que me unen muchos más vínculos de los que pensaba. Porque yo, como ella, tampoco me quise, dejándome contaminar por malos amores que oscurecieron mi alma. Y también, igual que ella, desaprobé mi cuerpo y hasta lo castigué inconscientemente tocando fondo para, desde ahí, coger impulso con dirección al sereno lugar donde me encuentro ahora. Un microuniverso donde no soy el más guapo, ni el más joven, ni el más nada pero en el que, como proclama una canción del nuevo disco de la cantante, “Me amo y me acepto completamente”.
Eso es lo que he intentado reflejar en mi tercer libro, “¡Hombres sin complejos!” y la filosofía bajo la que quiero construir la siguiente etapa de mi vida. Dejé morir mucho del que fui e hice nacer a otro más seguro y más feliz. ¿Quién dijo que cambiar no es posible?