…siempre recibe un martillazo. Es triste pero es verdad. Y más en nuestro país donde, ya lo decía Valle Inclán, tenemos el pequeño “defectillo” de hacer de la envidia nuestro pecado nacional. Yo, como “clavito” que he sido, he recibido muchos golpetazos que antes me dolían bastante pero que, ahora, casi ni me rozan (nunca estamos libres del todo de las cosas). Es el precio de una experiencia que no cambio por nada y gracias a la que en la actualidad disfruto de algo que no tiene precio: la seguridad, a todos los niveles, en mí mismo.
Una sensación de la que me hablaba hace poco Edurne a la que, durante su paso por Eurovisión, hubo mucha gente que intentó masacrar a base de críticas sin sentido que, lejos de amilanarla, la hicieron más fuerte. Esta semana, de nuevo, la cantante ha sido objeto de un muy desafortunado comentario de Inés Ballester cuando en su programa, “Amigas y conocidas”, la presentadora, en una conexión en directo durante una presentación de pasta dentrífica de la que la intérprete era protagonista, le increpaba diciéndole que si ella solo sonreía cuando había “parné” por medio.
Está claro que la de La 1 no conoce en absoluto la que ha sido portada de “Sevilla Magazine” de septiembre que, si de algo puede presumir, es de desprender siempre un optimismo difícil de pagar. Claro que, acostumbrados como estamos a lo malo, lo bueno, no lo sabemos valorar.
