
Según un libro, “la” Preysler está pasando una etapa compleja tanto en lo personal como en lo económico
Es curioso porque llevo varios días conversando sobre lo mismo y, al final, no sé si es que la vida me está dando alguna señal sobre algo que no logro alcanzar ver –que es lo más probable-, o que, con esto del cambio de era que parece cernirse sobre nosotros, todos somos más conscientes de ello. El caso es que el viernes almorzaba con Chary Maldonado y me contaba, con esa gracia innata que tiene para decir las cosas, cómo de jovencita se negaba a levantarse antes de las seis de la mañana y después ha tenido que hacerlo, por obligación, toda la vida. Y ayer sábado, en la celebración del cumpleaños de mi querida amiga Mariló –a la que le han caído cuarenta “castañas” encima-, varios eran los que confirmaban que el destino les tenía preparado lo contrario a lo que esperaban (realidad ante la que solo te queda aceptar lo que te venga pues, de lo contrario, la amargura es la única salida).
Fíjense en Isabel Preysler, por ejemplo… ¿Quién le iba a decir a ella, la “reina de corazones”, la que más portadas de “¡Hola!” ha protagonizado, el icono de elegancia y “glamour” en España, que llegaría un momento en el que, el mismo círculo que la encumbró, le daría de lado? ¿…que su presencia dejaría de ser un atractivo en la “jet set” y que sus hijas tendrían que dedicarse a posar en “photocalls” para contribuir a mejorar la economía familiar? ¿…que los abultados ingresos a los que estaba acostumbrada comenzarían a menguar de la noche a la mañana? En una palabra: Nadie.
Pero, sin embargo, por lo visto es lo que le ha sucedido. O al menos es lo que cuenta Juan Luis Galiacho en su libro, “Isabel & Miguel: 50 años de historia”, donde analiza nuestro país en el último medio siglo y pone en entredicho a personajes como la citada la cual, con el derrame cerebral sufrido por su esposo, se ha encontrado ante un panorama que le ha cambiado todos sus planes.
“Aquí es donde realmente comienza la tragedia porque no hay vuelta atrás”, comenta el autor en un texto que no tiene desperdicio y en el que se llega a afirmar que “la” Preysler está “más sola que la una”. “Por lo que he podido analizar, en los ámbitos económicos y financieros no tiene ningún peso. En realidad, nunca se fiaron de ella”, ha relatado el periodista al respecto de una dama que, matiza, no tiene “nada que ofrecer intelectualmente”. Con su marido enfermo -sin esperanzas a una recuperación total- y los ingresos menguados (él dejó de pertenecer al consejo de administración de Red Eléctrica, que le suponía cien mil euros anuales, y tampoco puede dar conferencias), ¿cuál es el futuro que le espera a Isabel?
En ocasiones hay que dejar pasar el tiempo para comprender los porqués de cada momento pero lo que está claro es que de aquí nadie se va “de rositas” y, la ambición desmedida, nunca ha sido buena compañera de viaje.