Gran parte del éxito de las cosas está en estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Porque siempre hay un momento para todo. Para el amor, para el trabajo, para los demás, para uno mismo… Es en ese instante mágico cuando los planetas se alinean y hacen que las piezas del puzzle, que antes no encajaban, de pronto, se conviertan en ese todo perfecto con el que siempre habíamos soñado y que, con paciencia y esperanza, termina llegando.
De eso habla la película “Elsa y Fred”, estreno que esta semana he disfrutado en el cine y donde están espléndidos Shirley MacLaine y el mítico protagonista de “Sonrisas y lágrimas”, Christopher Plummer. Y aunque, según he leído, la actriz no cree en esa última aventura sentimental que la vida le brinda a su personaje de esta historia, lo cierto es que, junto a su “pareja” en la Gran Pantalla, nos da unas cuantas lecciones de las que no estaría mal que tomáramos nota. Y es que a los ochenta uno, que ya viene de vuelta de casi todo, puede enamorarse como una persona joven y brindarle lo que, tal vez, nadie supo darle: una caricia, una sonrisa, un viaje al lugar con el que soñaba.
Un guión que, en muchos puntos, les aseguro que he vivido cuarenta años antes de llegar a esa edad con una experiencia que me ha enseñado lo que al principio les decía: hay un momento para todo. Lo demás es querer forzar al destino y eso, como luchar contra los elementos, es un ejercicio inútil y desgastador.
