Me decía hace no mucho uno de esos niñatos que van por ahí de “sabelotodo” que por fin había conocido, en el plano emocional me refiero, a alguien con quien iba a tener la oportunidad de ser feliz porque hasta ahora, y supera los treinta años, nunca nadie le había tratado bien. Yo, de repente, pensé: “¿Nadie? ¿Ni tus padres? ¿Ni tu familia? ¿Ninguna de tus parejas? ¿Ningún amigo te ha querido?”. La afirmación de este bobo, que he escuchado ya muchas veces –porque hay bastante gente a la que le gusta ir de víctima por la vida-, no es sino una demostración de lo equivocados que están quienes piensan de esta forma, por un lado, y quienes aceptan a personas así como parte de su círculo, por otro.
Fue ese día que escuché esa gilipollez cuando decidí que, a partir de entonces, haría lo posible por alejarme de este tipo de individuos/as tan egocéntricos y tan ciegos que son incapaces de ver lo de veras duro que puede ser todo cuando el destino nos tiene reservadas pruebas tan difíciles como ésa a la que se está enfrentando Bimba Bosé. La artista, convencida que va a curarse del cáncer que padece, sigue trabajando y derrochando positividad, tal y como ha demostrado hace unos días en un evento donde ha “pinchado” como DJ en compañía de su novio, Charlie.
Una campeona, ella, y un valiente, él, que le da a su chica todo el apoyo que necesita en esta etapa durante la que se ha optado por ser rayo de luz dentro de su propia oscuridad. Porque al final, todo es cuestión de voluntad y la voluntad, manda.