Decía Encarna Sánchez que el problema que teníamos con la democracia era que, mientras durante la dictadura todos sabían de qué no se podía hablar, y eran temas que no se trataban, ahora se desconocía por dónde podía venirte el bofetón y que, como teóricamente tenemos libertad de expresión, uno dice lo que cree conveniente y, de pronto, a quien menos te esperas le sienta mal y… ¡ya la hemos tenido! Sabia reflexión la de esta mujer a la que, con independencia de que fuera más o menos buena persona –yo creo que se puede decir todo de muchas maneras-, se nota que le tocaron mucho las narices y se terminó cansando. Es lo que pasa cuando uno vive demasiado… y ve demasiado.
A mí espero que no me llegue el “momento Encarna” porque la verdad es que también en mi humilde recorrido he pasado por muchas cosas, he conocido muchas situaciones y, sobre todo, he sido demasiado prudente. Últimamente, por ejemplo, estoy sufriendo una especie de veto de un certamen de moda flamenca que se celebra en Sevilla y que ha llegado el punto hasta de no convocarme a sus ruedas de prensa. El problema no es que este evento “pase” de mí y de la revista que dirijo, “Sevilla Magazine”, sino que le niega a sus empresas participantes el que un medio pueda cubrir la inversión que ellas hacen en dicha organización (y en la que se presupone que va cobertura informativa libre).
Como ustedes comprenderán, las idioteces que determinada gente hace o no me afectan bastante poco. La verdad tiene un camino y, tarde o temprano, se termina sabiendo todo.