Cada mañana, cuando me despierto, lo primero que descubro alrededor mía es luz. Luz en mi habitación, en el salón, en la cocina y hasta en el cuarto de baño dándome la bienvenida a un nuevo día y abriéndome los ojos para que perciba con claridad lo afortunado que soy. Y no porque no falten y fallen cosas en mi vida –que, como a todos, me preocupan-, sino porque, a pesar de ellas, debo sentirme un privilegiado. Tengo una casa de la que estoy enamorado, trabajo en lo que me gusta y, lo más importante, hay mucha gente que me quiere (y, lo mejor de todo, que me demuestra que me quiere). ¿Existe algo más definitivo, sea de la índole que sea, que una prueba de amor?
Esta semana, en la retransmisión de “Al compás de mi Feria”, el programa especial que he presentado en El Correo Televisión mano a mano con Elizabeth Ortega, he vuelto a comprobar ese cariño del que les hablo y que tanto agradezco. Un afecto que he recibido de invitados tan especiales como Luis Fonsi (que tiene el infinito detalle de que, cada vez que viene a Sevilla, hace un hueco en su agenda para estar conmigo) o Raquel Revuelta, (la cual nunca se compromete para ir a ninguna cadena en estas fechas y ha querido hacer una excepción por la amistad que nos une), o en tantos y tantos otros como Consuelo Alcalá, Lucía Hoyos, Olga Herrera y Silvia Peris, queridas colaboradoras de lujo que, con su presencia, han dado caché a nuestras emisiones; o como María León, Luis Rollán, Anabel Dueñas, Rasel, Valderrama y su mujer, Rosa, Juan Peña, Víctor Puerto y su esposa Noelia, Anabella Arregui, Marisa Jara, Hugo, Gabriela Ostos, Pilar Távora, Julián Sánchez Conejo-Mir, Paco Cerrato, Juan Pedro Hernández, el presidente del Grupo Morera y Vallejo, Antonio Morera y Vallejo y su mujer, Chary Maldonado… O como, en el capítulo de la copla y las sevillanas, Joana Jiménez, Laura Gallego, Antonio Cortés, Erika Leiva, Sandra Cabrera, Cantores de Híspalis, Los del Guadalquivir, Raquel Morey… Muchos nombres tras los que se encierran muchos seres humanos generosos que nos han regalado su mejor sonrisa y que han venido para compartir con los espectadores de este canal parte de un momento presente, en general, ilusionante y ante el que hay dos opciones: o ir a una, o irnos al traste.
¿Se han parado a pensar que, si somos en un ochenta por ciento agua (o un poco más), -y si quitamos huesos, órganos vitales y demás-, lo que nos separa a los unos de los otros es mínimo? ¿Por qué nos empeñamos entonces, los seres humanos, en hacérnoslo todo tan difícil? ¿No será que, en el fondo, nos asusta la felicidad y optamos por el sufrimiento como hilo conductor vital?
Son reflexiones profundas que, mañana que termina la Feria, todos podríamos intentar resolver o, al menos, tener en cuenta puesto que, cayendo en según qué cosas, ya estamos marcando el principio del camino a la solución. Sea como sea, yo opto por el sendero de baldosas amarillas que va en dirección a Oz, ese reino donde todo lo que uno desea es posible… si lo pide desde el corazón.

