Isabel Preysler y Tamara Falcó me encantan y cada una me llama la atención por razones diferentes porque, en realidad, poco parece que tengan que ver madre e hija. Mientras que la primera es puro “glamour”, la segunda me parece como un soplo de aire fresco en un panorama social donde, con frecuencia, los personajes se mueven demasiado encorsetados.
Sin embargo, Tamara, a la que parece que darle igual “ocho que ochenta”, lo mismo confiesa sus “inclinaciones” religiosas que acepta que no ha aparecido esa persona especial en su vida (porque no siempre uno le gusta a quien te gusta, y viceversa). Dos ejemplos solo de lo mucho que abarca el divertido y sincero discurso de la hija del marqués de Griñón quien, para dar que hablar más todavía, esta semana ha declarado en un evento que la foto de la portada de la edición argentina de “¡Hola!” en la que sale mamá bailando un tango con Mario Vargas Llosa, es un… ¡robado!
Es decir que, la misma revista a la que “la” Preysler concede suculentas exclusivas y posados, supuestamente la “traiciona” con una imagen en la que, en un momento, el mito puede desmontarse… Isabel, consciente de esto, parece haberse molestado. La “reina de corazones” saca pecho. ¡Y con razón!