La artista ofrecerá un concierto muy especial el próximo viernes en la Casa Hermandad de la Vera+Cruz de la localidad sevillana de Aznalcázar.
Hace ocho años que participó en el programa “Se llama copla” y desde entonces no ha dejado de crecer y evolucionar. Erika Leiva, a sus treinta “primaveras”, ha decidido dejar su pueblo natal de La Línea para instalarse en Sevilla buscando nuevas oportunidades laborales para su trayectoria. Muy querida en nuestra ciudad y provincia, la artista ofrecerá, dentro de las fiestas de septiembre que organiza la aznalcazareña Hermandad de la Vera+Cruz, un concierto el viernes 18 donde, a piano, interpretará grandes coplas, por un lado, pero también, por otro, grandes baladas. Acompañada por el bailaor Alberto El Romero, nuestra protagonista demostrará, de nuevo, un talento del que aún queda mucho por descubrir…
-Ocho años ya de su tercer puesto en “Se llama copla”… ¿Qué supuso?
-Un antes y un después. De dedicarme a esto por “hobbie” pasé a convertirlo en mi profesión. Me apuntaba a concursos que compaginaba con mis estudios de turismo y, de repente, cambió todo.
-¿Ha perdido algo? ¿Inocencia, tal vez?
-No. He cogido “tablas” a la hora de hablar (solía decir muchas cosas que eran todo lo contario de lo que tenía en mi cabeza), he aprendido a planificarme y me he “espabilado” en la contratación pero, en el fondo, sigo siendo inocente y sigo confiando en la gente. No sé si es una falta o una virtud…
-¿En sus compañeros también confía?
-Mucho. Considero que he hecho amigos como Juan Calero, Antonio Cortés o Joana Jiménez. No quedamos todos los días pero sí que nos seguimos la pista.
-¿Con Eva González tenía relación? Ya sabe que ha anunciado su compromiso…
-Bueno, con ella no he mantenido mucho el contacto, la verdad. Sé lo de la boda y me alegro. Fíjate… ¡con las veces que ha comentado que no se veía casada! Era muy abierta con todos nosotros y a veces nos hemos saludado por whatsapp…
-¿A usted también le gustaría lo de pasar por el altar?
-Yo estoy viviendo “en pecado” (risas). Sí, sí que me apetecería. Soy tradicional y me hace ilusión eso de vestirme de blanco, que venga la gente del pueblo… De todos modos, el tiempo hablará. Yo me había marcado 2015 pero, por cuestiones personales, no ha podido ser.
-¿Qué le enamora de su pareja?
-Llevamos siete años y era amigo mío. Salíamos juntos en la pandilla y después cada uno tiró para un lado. Él se echó novia y yo novio. Coincidíamos alguna vez y manteníamos confidencias pero nada más. No nos habíamos atrevido a dar el paso por falta de confianza y porque no creíamos que estábamos enamorados. Después se enteró que lo había dejado y, como también estaba soltero de nuevo, empezó a mandarme mensajes hasta que… pasó. Fue un proceso muy agradable y muy poco a poco.
-Ahora mismo, no. En ocasiones me he preguntado a mí misma por el instinto maternal pero no lo siento. Y eso que me encantan los niños pero no sé si estaré preparada.
-Volviendo a la música, ¿la copla se le ha quedado pequeña?
-Hombre, no quiero usar esa expresión pero sí que intento tocar otros estilos, tirar por otros caminos para descubrir qué pasa ahí. No aguanto la monotonía y, aunque sea en recitales, meto canciones de otros géneros para comprobar qué sucede. Puede que no sean recibidas igual de bien que el resto pero da igual. No pasa nada si te equivocas. Lo importante es avanzar.
-¿Hacia dónde tiene intención de encaminarse?
-Hacia la balada. Creo que puede ser un punto fuerte para mí con arreglos actuales. Sería algo entre “La quinta estación” y “Malú”… O las rancheras. De hecho estoy recibiendo temas para un álbum que está en proyecto y con cuyo productor podría dar el salto a América…
-Es curioso lo que cambia Erika Leiva sobre el escenario a cuando se baja de él…
-Sí. Mucha gente que me conoce en la intimidad opina que no soy la que actúa. Sufro una transformación. Me entra como fuego por dentro (risas).
-Cuida mucho la imagen, ¿verdad?
-Mira, al principio no sabía que era tan esencial. Era de la que, cuando veía a las artistas, pensaba: “No pueden ni comer y viven para su cuerpo”. Sin embargo me di cuenta de que tu aspecto es determinante. Más del cincuenta por ciento me parece. El nuestro es un mundo, aunque duela decirlo, de guapas y guapos. Yo no quiero ser la típica tonta que está todo el día en el gimnasio pero sí que cada vez me cuido más y tengo más presente desde la dieta al maquillaje o el vestuario.
-¿Con qué experiencia se queda de todas las que ha tenido en estos años?
-¡Uf! Han sido tantas… Me emocionó conocer a Marifé de Triana, y que me amadrinara en Telecinco. O estar con Pastora Soler, que es una mujer que se ha ganado el sitio que tiene gracias a su constancia.
-Usted también ha entrado a formar parte del grupo de las admiradas por otros…
-Y hace ilusión cuando los chiquillos te dicen que te siguen. Lo que pasa es que eso no significa nada. Nunca hay una meta. Ponerse una es el error de muchos artistas. Lo bonito es que, cuando parezca que has llegado, no te hayas dado cuenta de todo lo que has disfrutado en el camino.
