Hay por ahí un argumento que me molesta mucho, pero que mucho mucho, y es cuando en los programas del “corazón” hablan de las relaciones sentimentales de alguien que ha roto varias veces con varias personas (igual que nos pasa a todos), y, ante un nuevo compromiso que surja, dicen aquello de “a ver si ahora (a la tercera, cuarta, o quinta), va la vencida”. Es decir que, según este argumento, debemos entender que romper con una pareja es un fracaso y que, cuando llega alguien distinto, volvemos a tener la oportunidad de triunfar (que no es otra cosa, siempre según estos espacios, que el que él/ella sea el/la “definitiva”).
Eso lo he vuelto a escuchar estos días cuando referían el compromiso de Eva Longoria quien, tras dos bodas, ha vuelto a animarse a pasar por el altar a sus espléndidos cuarenta años. Pero eso no significa que los novios que ha tenido antes no le hayan valido, o que ésas no fueron uniones felices, o que tenga que fustigarse por haber dejado atrás a gente más o menos válida de la que una vez se enamoró. Tener una pareja, tal y como está el panorama, es ya de por sí un triunfo. Diferente es que nos hayamos equivocado en nuestra elección o que, en un momento determinado, los sentimientos se hayan acabado.
Somos humanos. Crecemos y cambiamos continuamente y eso no es malo. Ni que dos que se quisieron mucho dejen de hacerlo. La clave es amar y haber sido amado. Más allá, Eva, ¿pa´ qué desesperarse tanto? Seguro que, si aprendemos de la experiencia, el siguiente es mejor que el anterior.