En la madrugada del miércoles se apagó en su domicilio de Sevilla una de las voces indiscutibles del flamenco actual. Juan Peña “El Lebrijano” fallecía a los 75 años, víctima de una dolencia cardíaca de la que había sido operado recientemente. Hijo de Bernardo Peña y María la Perrata, gitanos de Lebrija y Utrera, Juan Peña estaba unido a una estirpe de flamencos en la que aparecen nombres como Perrata y Perrate, Fernanda y Bernarda de Utrera, Bambino, Turronero, Gaspar de Utrera, Miguel Funi, Diego del Gastor, Pedro Peña, Pedro Bacán o Dorantes, entre otros. Aunque sus comienzos en el flamenco fueron como guitarrista, en 1964 se destapó como cantaor donde ganó un concurso en Mairena del Alcor. Durante sus primeros años acompañó en el cante a Antonio Gades y su compañía y al poco tiempo, Juan comenzó a destacar por su enorme creatividad artística, que lo llevó del mundo sinfónico al flamenco con La palabra de Dios a un gitano o la orquesta Andalusí de Tánger a Encuentros, Casablanca o Puertas Abiertas, donde profundiza en los orígenes del cante hondo acompañado del violinista marroquí Faiçal. En 1997 el Ministerio de Cultura le otorgó la Medalla de Oro al Trabajo, una más de los múltiples premios y distinciones con que ha sido galardonado a lo largo de su vida. En la última Bienal de Flamenco de Sevilla, celebrada en 2014, el Lebrijano es reconocido con el Giraldillo de Honor.