Un encuentro con amigos es siempre un plan atractivo. Si a eso le sumamos un escenario privilegiado, como puede ser el maravilloso Real Alcázar, la cosa va sumando puntos. Pero si, además, todo transcurre en torno a una mesa con una comida exquisita, lo que tenemos ante nosotros es un plan para no dejarlo escapar… Y eso mismo hice yo el viernes por la noche: aprovechar la oportunidad de disfrutar la cena que la Fundación Lara organiza todos los años para la entrega de los populares Premios Lara de novela.
Allí, a partir de las nueve de la noche, se dieron cita muchos rostros de nuestro entramado social como Carmen Tello y Curro Romero, íntimos de los anfitriones (José Manuel Lara y su esposa, Consuelo), las hermanas Reina, el presidente del grupo Morera Vallejo, Antonio, y su mujer, Chari, u otros como Pilar Távora (ejerciendo, a la vez, como política y cineasta), Javier Arenas, el alcalde, Zoido, o la presidenta de la junta de Andalucía, Susana Díaz, con un básico infalible de chaqueta blanca y pantalón negro. La ganadora, Nativel Preciado, se escondió durante toda la velada bajo un pseudónimo que solo se desveló en los postres de un delicioso menú donde no faltó jamón de pato, un delicioso pescado y un no menos apasionante postre con helado y un pastelito de frutos rojos.
Vigilando atentamente mi querido Carlos Crehueras, gran profesional del Grupo Planeta el cual, en todas sus celebraciones, cuida con mimo que todo transcurra de forma correcta y dentro de unos tiempos prudentes que nunca cansan a la concurrida asistencia. De igual forma, una mención a mi amiga Cari Camacho, responsable de esa agencia que, bautizada con su mismo nombre, rompe fronteras cuando, desde diversas plataformas, se pide la presencia de sus simpatiquísimas y bien aleccionadas azafatas. Y más allá, en mi mesa, gente tan estupenda y entretenida como el gran Carlos Telmo, con el que ya la diversión en cualquier velada está garantizada, o Maite Chacón, junto a la que departí de los siempre interesantes temas del alma.
De seguido, para equilibrar la tranquilidad de tan distinguida gala, me marché a la inauguración de Puerto de Cuba, uno de los rincones de nuestra ciudad más mágicos a la hora de tomar copas y que, de pronto, se vio invadido por una horda de divertidos “vikingos”. Estos, cuernos en ristre, hicieron las delicias de una multitud entre la que saludé a Pablo Castilla y Rafael Almansa, dos de los propietarios, al estilista Alessandro y su esposa Esther, de la Clínica Marest, y a un entrenador de primera como Jorge Curto y su novia, Isabel.
El tiempo acompañaba y la temperatura no podía ser mejor. La luna brillaba en su plenitud saludándonos a todos los que convertimos a la noche en nuestra aliada. La vida, cuanto más le sonríes, más te acaricia la cara.