El próximo 6 de marzo, Joana Jimenez será la encargada de abrir el ciclo “Copla en Palacio” que acogerá además las actuaciones de Antonio Cortés y Laura Gallego

Joana Jiménez posa en el Teatro Lope de Vega con diseño de Manolo Giraldo. Foto: La Petite Chambrè
La Casa Palacio de Salinas, en la calle Mateos Gago, será el lugar que acoja esta cita tan especial con la voz de Joana Jimenez en compañía tan solo por un piano y una guitarra. Algo novedoso dentro de la carrera de una de las figuras más destacadas del género en la actualidad donde incorporará a su repertorio temas que nunca antes había interpretado en directo. Una oportunidad ante la que se siente emocionada.
-¿Qué hace que este concierto sea tan distinto?
-La cercanía con el público. Estaré en el centro del patio, rodeada tan solo por doscientas ochenta personas a las que cantaré de tú a tú, mirándoles a los ojos. El lugar es maravilloso, en pleno corazón de Sevilla y haré temas que nunca antes habia puesto en escena. Creo que será algo para recordar siempre.
-A veces parece que se deja literalmente la piel en las actuaciones…
-Soy una persona tremendamente pasional en todo lo que hago. Imagina cuánto en ese momento que supone lo que más me gusta del mundo. Cuando bailo, cuando canto entro en un estado de inconsciencia en el que se me olvida todo lo demás, todo lo que ocurre fuera de mí. Me meto dentro del papel y lo siento como si realmente me estuviera pasando. Eso la gente lo recibe (no queda mas remedio). Sienten que todo sale de mi verdad.
-¿Le ha pasado realmente algo de lo que dicen esas composiciones?
-He vivido algunas de ellas y suelen ser las malas. En cuestiones de corazón nos tenemos que conformar con lo que el destino nos va poniendo en el camino pero gracias a Dios todo se supera y Él te guarda cosas tan bonitas como la que me tenía reservada a mí. Hay grandes joyas con letras desgarradoras, de historias muy fuertes. La mayoría de las coplas llegan a doler por el dramatismo que despiertan.
-Si ya no hay quien componga copla… ¿Qué futuro le ve?
-Eso es muy relativo. Es un estilo clásico que tuvo sus años dorados en los que poetas realizaban obras de arte. Eso se fue y no volverá pero sigue habiendo en España y Andalucía autores maravillosos que componen piezas acordes a la forma de vivir de ahora. No pueden afrontarse ciertas cuestiones con la misma forma que hace décadas porque la vida ha cambiado. Aún así, siempre hay maneras diferentes de interpretar las piezas más grandes, sin desvirtuarlas, pero consiguiendo que parezcan nuevas.
-Se han cumplido dos años de la muerte de Marifé… ¿No cree que con ella se fue más que una artista?
-Yo la he escuchado desde que tengo uso de razón en la voz de mi madre. La tengo metida en el sentido. Era una mujer pura. Ella se ha llevado el último aliento de la compla antigua pero estamos muchas seguidoras manteniendo viva su impronta. Muchos chicos adolescentes me dicen que han descubierto la copla gracias a mí y eso me enorgullece. También sucede con los niños. La copla está viva, tiene mucho ruido que dar aún.
-¿Qué otros referentes tiene?
-Muchos y ninguno. Nunca he querido imitar a nadie. Eso sería un error enorme. Sí resalto aspectos de todas. De Rocío Jurado el “vozarrón”, la potencia, la facilidad de hacer lo que le diera la gana. Era una “fenómena”. De Isabel Pantoja su elegancia, su manera de moverse en el escenario. Es la que mas cosas cogió de Juana. De Lola Flores no sé ni qué decirte. Es inigualable, un ser especial con el que se me sigue cayendo la baba. Solo mirando ya era arte, increíble.
-En otro ámbito hoy mismo colabora en un concierto con la banda de los Gitanos…
-Si. Voy a hacer con ellos “La saeta” de Serrat, en el templo, frente a sus imágenes. Se me pone un nudo en la garganta. Son muchas las veces que he colaborado con bandas de cornetas y tambores, y el resultado es especial, conmueve.
-¿Es creyente?
-Creo en Dios, en la Iglesia no mucho. Cada persona expresa su devoción a su manera. Mi saeta a la Macarena en la mañana del Viernes Santo es de las experiencias más fuertes que vivo cada año. Es un momento de infarto (cualquier día me da de verdad). No existen palabras para describir lo que puedo llegar a sentir. Temblores, vellos de punta, lagrimas saltadas. Es algo increíble.