El jerezano, que clausurará la Bienal el día 2 de octubre, vuelve a dar un giro de tuerca al flamenco con “Doy la cara”, álbum de duetos donde comparte temas con Alejandro Sanz, Pablo Alborán o Ainhoa Arteta, entre otros
José Mercé mira a los ojos. A sus 61 años ha “toreado en muchas plazas” y viene de vuelta de la mayoría de las cosas y, sin embargo, conserva la ilusión y el brillo en la mirada de un chiquillo. Por eso sigue emprendiendo aventuras musicales como la de “Doy la cara”, grabación con temas “de toda la vida” que supone un punto y aparte en su trayectoria y con el que ha vuelto a lograr el aplauso de crítica y público. Y es que pocos son los que se resisten al talento de este jerezano de sonrisa franca crítico con todos aquellos que no dejan que el flamenco evolucione pues, según él, un arte tan vivo necesita crecer alejado de fronteras que lo limiten.
-¿Ha grabado estos duetos conjuntamente con sus intérpretes o cada uno por separado?
-No, no. A mí las tecnologías para eso no me valen. En ese aspecto sigo siendo antiguo en la música porque me parece que como se trata una melodía de tú a tú no se hace mandándola por internet. ¿Eso qué sentimiento tiene? Ahí no voy a cambiar. El que quiera trabajar conmigo tiene que ser en directo y, si no, no.
-¿A José Mercé alguien le dice que “no”?
-Hombre, como persona creo que no. Nos conocemos desde hace mucho y los que me han acompañado han venido con cariño y con verdad. Nadie lo ha hecho por cumplir. Eso se nota. Alejandro, Joaquín Sabina, Vanesa Martín… Todos tenían ganas.

-Es que en el flamenco ha revolucionado muchas cosas y, en la actualidad, es el “top” de la veteranía, lo máximo… ¿Siente esa responsabilidad?
-Claro que sí. Los cantaores clásicos se han ido e imagínate qué será para mí clausurar la Bienal de Flamenco con una antología. Ése soy yo. Cantaor de flamenco. Pero además me gustan todos los estilos. Tengo unas hijas maravillosas que aman también la música y suelo preguntarles por lo que me llama la atención para ir cogiendo de un lado y de otro.
-¿Qué ha aprendido de estas figuras del pop?
-Mucho. Tonos que nunca había hecho. Llega un momento en el que, a pesar de hacer seguiriyas o soleá, incorporo eso nuevo que he escuchado. Lo que sí me da mucha pena es que a grandes de este género mío de siempre les estén pagando cachés miserables. Parece que lo que viene de otros lados es mejor y yo me pregunto… ¿Al flamenco, por qué no?
-Usted se sienta con su guitarra y no le hace falta más… ¿Se es menos artista hoy cuando parece que hace falta tanto (efectos, acompañamientos, etc.) para salir al escenario?
-Mi generación es una generación que ha pasado muchas fatigas y a la que le ha costado mucho llegar. Nos ha gustado mucho lo nuestro pero no nos ha resultado fácil. Los nuevos salen con la guitarra eléctrica o con el tambor y ya está pero a veces no es fusión sino “con-fusión” (y hay mucho, además). Luego las multinacionales tienen la culpa porque con el marketing han confundido con el “flamenquito”. El flamenco es el flamenco y a la Bienal se tendría que venir a cantar flamenco. No me valen las innovaciones y las historias…
-Su espíritu es, a pesar de la edad, muy joven, ¿verdad?
-Así es. Siempre estoy “maquinando”. Eso me ayuda.
-¿Qué se pierde y qué se gana con el paso del tiempo?
-En el cante ganas mucho. Lo haces con otra sensibilidad, más para ti, te olvidas de hacer gorgoritos para que la gente te aplaudan el efectismo… Lo disfrutas más. Ya no me preocupa tanto la crítica. Y en lo personal, afortunadamente, no noto los años. Lo mismo eres menos “guerrillero” (menos en la música, que soy más que antes).
-Lo que sí se conserva fenomenal…
-Pues soy bastante dejadillo, aunque mi mujer me dice que me cuide más y me eche más cremas (risas).
-¿Es verdad aquello de la vida bohemia de los que se dedican a lo suyo?
-Yo me he encontrado pocos así porque eso se nace ni se aprende. Uno de los auténticos bohemios que he conocido ha sido Luis de la Pica. Otros se lo hacen pero saben lo que cobran.
-¿Se puede ser flamenco y votar al PP?
-Yo creo que no. Es complicado. El cantaor es del pueblo y para el pueblo. No pertenezco a ningún partido ni me interesan los políticos. La ciudadanía está a años luz de ellos.
-Ha pasado momentos clave de la historia de nuestro país… ¿Cuál es su balance?
-Nací en el 55, con lo que la primera parte de la dictadura no la he conocido. Lo que sí vivimos con mucha ilusión es cuando el país empezó a abrirse. Todo era maravilloso. Antes teníamos más corazón, más sentimientos. Las tecnologías han deshumanizado al mundo. Lo de ahora es una gran decepción. Que no hayamos confirmado la democracia te hace venirte abajo. Se mira al partido, no a quien no llega a final de mes.
-¿Se considera valiente? ¿Da la cara?
-Siempre. Me gusta mirar a los ojos y decir lo que pienso. Desde bien joven ha sido así. Nunca he sabido ser diplomático.