María Teresa Campos celebraba ayer veinte años de su programa “Día a día”, el magazine matutino de Telecinco con el que siguió siendo muchas temporadas líder de audiencia y que suponía en su trayectoria otro triunfo más. Así, durante la emisión de “Qué tiempo tan feliz” muchos fueron los que pasaron por la tarde por el plató de la “cadena amiga” para saludar a una mujer que ha logrado lo que no ha logrado nadie en la televisión de este país: comenzar su andadura en la “pequeña pantalla” tras cumplir los cuarenta, que es cuando se marchó de Málaga a Madrid, y permanecer en activo hasta la actualidad, momento en el que las señoras, por aquello de la coquetería, dejan de tener edad.
Durante este tiempo la hemos visto cómo, más allá de informarnos y entretenernos, Teresa ha pasado a convertirse ella misma en una “estrella”, un referente al que muchos quieren y admiran y otros, como tiene que pasar con los grandes personajes, detestan. Sin ocultar que es una persona de carácter, la periodista se coló un buen día en nuestras casas para quedarse desde entonces a nuestro lado como una amiga de ésas que, pase lo que pase, siempre están ahí.
Por eso “la” Campos es necesaria. Con sus enfados y con sus risas. Con esa gran personalidad de matriarca no solo de sus hijas Terelu y Carmen sino de todos los que hemos crecido con ella y que no podemos sino sentirnos felices de verla tan bien y tan enamorada. Un ejemplo más para seguir haciéndonos creer en que, tarde o temprano, la lucha es recompensada.
