
Me gusta fijarme en las personas y, como un “puzzle” perfecto, ver con quién pueden encajar y con quién lo hacen menos y, a la vista de lo que, hasta ahora, me ha sucedido como celestino (o, mejor, les ha sucedido a aquellos amigos a los que les he ayudado a encauzar algunas relaciones sentimentales), creo que este ejercicio no se me da del todo mal. De hecho, la última “intervención” ha sido con una compañera que, inmersa en un noviazgo que no le conducía a nada, recibió por mi parte una llamada de atención para que fijara sus preciosos ojos en un no menos interesante caballero de unos cincuenta por el que, según me cuentan, ahora “bebe los vientos”.
Y es que traspasar la frontera de los cuarenta es una apasionante aventura que algunos –me voy a centrar hoy en los hombres-, culminan con mucho más éxito incluso que la de los desasosegantes tiempos jóvenes. Porque, ¿cómo son los 53 de Tom Cruise? ¿Y los 73 de Harrison Ford? ¿Y, sin salir de nuestro país, los 68 de Víctor Manuel, por ejemplo? Los tres han celebrado cumpleaños en este mes de julio y los tres merecen la más sincera felicitación por ser tres maduros de “¡chapeau!”.
Pronto comenzaré a trabajar en un proyecto que me hace mucha ilusión para, a través de él, intentar dar mi visión de cómo llegar a las cuatro décadas –la juventud de la madurez- y estar mejor que nunca aunque puedo avanzarles una clave en forma de metáfora. El cuerpo, agua que tierra será, es igual que un campo a cultivar. Si ponen en él semillas de calidad, tarde o temprano, éstas terminarán dando su fruto. Doy fe de ello.