Es, junto a Gracia Montes, la única “grande” que nos queda del mundo de la copla. El “rostro más bonito del cine español” que, tras pasar casi toda la vida residiendo en Madrid, decidió, hace cuatro o cinco años, volver a la tierra donde nació para pasar en ella el tiempo que le quede –que ojalá sea mucho- entre sus familiares y paisanos. Así, después de hacer infinidad de giras por medio mundo, de rodar multitud de películas y programas de televisión, después de un largo y exitoso camino, Paquita Rico ha replegado alas y se ha asentado en su Triana natal para, desde allí, contemplar todos los días, y todas las noches, ese cielo al que, como “estrella” que es, también pertenece.
Apenas sale la artista de su casa salvo contadas excepciones como ésa de la que, esta semana, fuimos testigos los espectadores que asistimos el jueves al concierto que dio Erika Leiva en el Lope de Vega. Sin esperarlo, la que fuera concursante de “Se llama copla” alzó su vista a uno de los palcos y saludó a Paquita quien, acompañada de su amigo el maquillador Juan Pedro, se levantó de su asiento para saludar a un aforo emocionado y sorprendido por tan grata presencia. De seguido, una especial dedicatoria del “Romance de la Reina Mercedes”, a voz y piano, dentro del que fue un espectáculo donde, además del reencuentro con la diva, tuvimos la oportunidad de descubrir el nacimiento (o el punto y aparte, como prefieran) de otra figura que promete dar mucho que hablar.
Y es que Erika, a la que fueron a ver otros nombres destacados como Laura Gallego, las hermanas Cobo o el periodista José Pablo Ruiz, demostró que posee una de las gargantas más privilegiadas de la actualidad capaz de pasar más de tres horas sin parar sobre el escenario haciendo desde temas de Marifé, como “Te he de querer mientras viva” o su especial versión de “Encrucijada”, a Juanita Reina o Lola Flores o incluso, más allá del género, atreviéndose con “El hombre del piano” (a dúo con Sandra de la Rosa) o una versión de “Caruso” que casi cortó la respiración. Eso por no hablar de la recreación de “Sevilla”, de Rocío Jurado, con la que puso punto final a una mágica velada difícil de olvidar.
Dotada de una impresionante afinación y potencia vocal, la de La Línea de la Concepción dio una lección de lo que debe ser la carrera en ascenso de una intérprete que no deja de aprender y formarse para entregar lo mejor de sí misma sirviendo pues de llamada de atención para el resto de integrantes de un saturado mercado en el que, siguiendo la ley natural de selección, solo quedarán las mejores. ¿Quién sabe si, en un futuro, sea alguien que empiece quien busque en otro teatro la mirada cómplice de una Erika Leiva ya consagrada? Es cuestión de sembrar bien y esperar la recolecta que, tarde o temprano, siempre llega.